
Usted es profesor, no solo intérprete de tareas; para ello, bastaría ser un pariente que acompañe la escolaridad. Usted es psicólogo, no solo oyente de desventuras; para ello, bastaría ser un amigo de confianza catártica. Usted es nutricionista, no solo inventor de recetas fit o fat; para ello, bastaría ser un disciplinado en los hábitos alimenticios. Reducir las profesiones a razonamientos de talante preuniversitario —sin una lupa sobre la pedagogía, la estrategia de rehabilitación emocional y el etiquetado de productos— es desmerecer la inversión monetaria, los años de instrucción y el agotamiento. Es arrinconar una vocación al lado de un meme: “Hijo, tú que eres arquitecto, ve por arena para el gato”.
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En pro de vistas y corazones de doble tap, esta dinámica de desdén se anida en el periodismo. Empieza cuando la obtención, el tratamiento, la interpretación y la difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico —un concepto de la RAE— se canibalizan en la profundidad de la web: al lado de los corresponsales que dominan el régimen de fuentes se ubican los creadores de contenido. La materia prima de ambos son los datos.
La coexistencia de un periodista y de un creador de contenido, sin embargo, puede ser armónica porque los propósitos están en canchas dispares: el primero notifica, el segundo entretiene. La confusión, el sometimiento agrio, llega cuando los feeds de los youtubers, tiktokers e instagramers se posicionan como pozos de consulta y, además, referentes de la comunicación en la cabeza colectiva. La exigencia se normaliza y el desgaste de suela y cerebro queda dos paraderos atrás frente a las voces y colores que aparecen en el scrolleo.
De pronto, la hilaridad de los creadores de contenido revive luchas que los periodistas rifan a diario —porque no descansan ni feriados ni fines de semana— en las redacciones: el deadline y las construcciones, escritas y discursivas, como “felices y contentos”, “terrible pérdida”, “lección de vida”, “sueño cumplido” y “final inesperado”. Mientras el periodista se especializa y se somete a un horario, el creador de contenido teje normas. Entre uno y otro hay hartazgo y una pregunta: ¿cómo se consigue una valoración oportuna?

“Ante la labor de consulta y contrastación para la que el periodista se instruyó por años, existe un software que cómodamente se convierte en una fuente”.

"Ocupa cuatro segundos teclear “la traición” y demanda incluso menos tiempo indignarse. El ejercicio veloz del usuario que lanza la piedra y no esconde la mano, salvo que se trate de un trol, delata lo sencillo que es abrazar la disputa".

"Para algunos, las oportunidades se llaman contactos —vara, argolla, amigo del amigo, compadre—; para otros, las oportunidades son colchones emocionales sobre los cuales sobreviven mientras buscan algo parecido al progreso".

“Prestigio y fama —capacidad y publicidad— coexisten en un estilo de vida que ya le pertenece a su biografía”.

"Un Gobierno que resuelva es más útil que un novio que resuelva".