Opinión

Política y técnica, por Paula Távara

“Esa capacidad y conocimiento del sector no puede medirse en títulos y grados académicos, o no solo en ellos. Tampoco en papers o investigaciones”.

Sobre el tema del adecuado e importante equilibrio entre el liderazgo político y la capacidad técnica de los altos funcionarios públicos hemos hablado ya en varias ocasiones.

La juramentación el día jueves de la médica Kelly Portalatino (congresista de la bancada de Perú Libre) como nueva ministra de Salud nos ha regresado sobre este asunto, sobre todo a raíz de unas “desafortunadas” declaraciones de su colega Edward Málaga sobre el perfil de un ministro diciendo que se necesitan “médicos de renombre”, “que miren hacia afuera, que publiquen” y no “médicos de aldea, médicos de regiones” para este tipo de cargo público.

Un ministro o ministra tiene una tarea principal: guiar y dar orientación a las políticas públicas del sector que lidera. Esa orientación debiese ser eminentemente política, en tanto reflejaría los objetivos y “proyecto país” de un gobierno, los cuales, en teoría los partidos políticos tienen claros en sus idearios y planes de gobierno.

En ese sentido, en un sistema de partidos serio y con cierto grado de pervivencia de las organizaciones (el cual ciertamente no es nuestro caso), que el liderazgo de un sector esté a cargo de alguien que es principalmente político no debiese encontrar peros.

Para presupuestar, construir evidencia y herramientas técnicas estarán siempre los viceministros y viceministras, los directores de línea y otros cargos técnicos e idealmente más estables, a quienes sí se les exige –en nuestro país incluso a partir de normas de cualificación reguladas por la Autoridad del Servicio Civil– una formación técnica y experiencia de gestión que les permita el manejo “en la práctica” del sector.

Por supuesto, es mucho más adecuado que esta orientación de política pública y este liderazgo político sea asumido por alguien con conocimiento real del sector que liderará y con un grado de capacidad técnica que le permita la comprensión de data y correcta toma de decisiones, en base a la evidencia, alternativas y escenarios que los equipos profesionales antes mencionados puedan construir para ello.

Pero esa capacidad y conocimiento del sector no puede medirse en títulos y grados académicos, o no solo en ellos. Tampoco en papers o investigaciones. La investigación, esencial como es, puede llevar también muchas veces al ensimismamiento o a priorizar la data cuantitativa antes que la experiencia humana o los contextos sociales (nacionales, regionales, provinciales, etc.) y políticos en que las políticas, los programas o los servicios ocurren.

Lo mismo ocurre en sentido contrario. Pretender que la sola experiencia asistencial es suficiente para construir políticas, incorporarse a las dinámicas de toma de decisiones y analizar los resultados de estas sería negar las complejidades del sistema y de la construcción de políticas públicas.

No se puede mirar solo el árbol ni solo el bosque. Técnicos, académicos y personal asistencial, así como la ciudadanía (voz que solemos dejar de lado) tienen capacidades y aportes diversos para la gestión pública que no pueden ser negados.

No pretenden estas líneas ser una defensa del nombramiento de la nueva titular del sector salud. No pretenden y no pueden serlo porque el contexto en que ocurre deja claro que, antes de la cualificación técnica o la claridad de orientación política gubernamental, lo que está detrás del nombramiento de la ahora ministra Portalatino es una negociación partidaria que permita al gobierno garantizar su supervivencia.

Eso beneficia al gobierno, pero afecta sustantivamente la calidad de las políticas en salud que peruanos y peruanas necesitamos.

Sin embargo, si pretende ser una defensa de la política de las políticas públicas, y un intento de convocarnos a que nuestras críticas del debate político se centren en lo argumental, y no en prejuicios en los cuales una especie de “superioridad academicista” se mira el ombligo, aportando con ello poco y nada a un debate serio sobre las necesidades de nuestro Estado.