Opinión

¿No entiende? ¿no quiere entender?

“Lo único que quizás sobrevive de la imagen campechana es la posibilidad de que la conducta de Castillo no sea producto de una intencionalidad, sino de una limitación”.

Pedro Castillo se ha sacado de la manga la idea de una persecución política irracional contra él. La frase se la debe haber pasado alguno de sus abogados, y alude a la investigación de la Fiscalía que ya lo viene alcanzando. Hay en esto una acusación casi directa al sistema judicial, que no es la primera que Castillo lanza.

¿Qué esperaba el político de Chota? Fue reclutado como candidato de un partido que ya venía de serios problemas con la ley, y que los sigue teniendo. No ha dejado de convocar en torno suyo a sujetos de mala catadura. Montó una suerte de covacha secreta en Breña, por donde pasaron escandalosos trámites. Producidos los destapes, lo negó todo.

Así, Castillo ha sido desde muy temprano un gran aviso luminoso ambulatorio reclamando ser investigado. Lo que ha puesto en marcha la Fiscalía ahora, en realidad debió producirse hace más de medio año, cuando las sospechas de malos manejos ya quemaban. Tuvieron que aparecer nuevos indicios y nuevos fiscales.

Por el camino la imagen política original de Castillo pasó de campechano emisario de la bucólica campiña, a gerente de los peores recursos humanos que han pasado por el Ejecutivo. Como si la condición para llegar a un ministerio fuera tener algún tipo de anticucho con la justicia. Si Castillo piensa en algo irracional, allí lo tiene pintado.

Lo único que quizás sobrevive de la imagen campechana es la posibilidad de que la conducta de Castillo no sea producto de una intencionalidad, sino de una limitación. Si efectivamente se trata de que el presidente no entiende lo que está haciendo, la culpa es menor, pero el asunto ya no tiene compón.

Sin embargo el episodio de la tesis plagiada, menor en apariencia, es importante para dilucidar lo que viene pasando con Castillo. Quien ha hecho deliberada trampa para mejorar sus ingresos, probablemente tiene clara conciencia respecto a qué tipo de persona está nombrando para los más altos cargos del Estado.

Nada de irracional, pues, en la investigación que comienza. En lo concreto se empieza a explorar los supuestos, posibles o probables nexos de Castillo con actos delictivos. Pero además se pone en marcha la búsqueda de explicaciones sobre tantos indignantes nombramientos. El más reciente, en Agricultura, una verdadera perlita.

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