Ramiro  Escobar

Ramiro Escobar

Meditamundo
Lic. en Comunicación y Mag. en Estudios Culturales. Cobertura periodística: golpe contra Hugo Chávez (2002), acuerdo de paz con las FARC (2015), funeral de Fidel Castro (2016), investidura de D. Trump (2017), entrevista al expresidente José Mujica. Prof. de Relaciones Internac. en la U. Antonio Ruiz de Montoya y Fundación Academia Diplomática.

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El mundo en un tuit

“¿A dónde volará Twitter de la mano de este mago de las finanzas y también de las innovaciones? De pronto nos sorprende, quizás la impulse hasta cimas imprevisibles”.

La suma con la que el archimillonario Elon Musk acaba de comprar la red social Twitter (44 mil millones de dólares) es de tal magnitud que casi alcanza al PBI de Panamá (53 mil millones de dólares), considerado por la calificadora Moody’s como el país más rico de América Latina. Y, por supuesto, es altamente superior al PBI de varios países africanos juntos.

Claro, el tamaño del país importa. Pero, por ejemplo, la República Democrática del Congo, que figura en el puesto 11 en el mundo por su extensión territorial, y alberga a más de 90 millones de almas, alcanza —según Expansión.comun PBI casi similar al monto por el que se compró la red del pajarillo: 44.858 millones de dólares. Sin duda, la democracia económica global funciona.

Este tipo de mediciones del abismo social planetario son habituales y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) es una de las entidades de la ONU que constantemente lo recuerda con dramatismo. El asunto de fondo ahora es que el hombre más rico del planeta no solo tiene tanto dinero como para salvar a millones de personas del hambre, sino el control de una poderosa red.

PUEDES VER: Paul Stanley a Musk por compra de Twitter: ¿Por qué no usar ese dinero para curar el cáncer?

Twitter, según el portal Statista, tiene hoy 329 millones de usuarios en el mundo, una bicoca frente a los 7.900 millones de homo sapiens que habitamos en la biósfera. Pero, en esa pizca circulan presidentes, ministros, líderes sociales, movimientos ciudadanos, las ONG, jefes militares y también archimillonarios. Es una plataforma influyente, que siempre agita el avispero.

Esa es otra señal alarmante del mundo, pero que se vuelve más visible y preocupante cuando una sola persona tiene tanto poder mediático, digital, económico, social y ahora más político incluso. El buen Elon, ciertamente, ha anunciado que respetará la libertad de expresión en esa plataforma donde circulan mensajes que a veces anuncian la renuncia de un mandatario.

Aun así, es indispensable pensar en este momento cómo el poder se va concentrando más —y más y más—en pocas manos. El archimillonario nos quiere llevar también al espacio, popularizar autos que le ahorran el sufrimiento climático al planeta (vía los autos eléctricos Tesla); y ahora podría rayar la cancha en esta plataforma donde se barulla mucho y a veces se delira.

PUEDES VER: Elon Musk propone ‘autenticar’ a los humanos reales en Twitter

Pero donde, a la vez, se ponen noticias o se marca el territorio político. Esta cumbre de la compra digital, además, se produce cuando ya se comenzaba a debatir si la red necesitaba regulaciones por su ruta a veces desbocada. Ya no es una pregunta que flota solo en los gobiernos verticales, que quieren controlar hasta los respiros de la gente; ya tiende a ser una demanda creciente.

¿A dónde volará Twitter de la mano de este mago de las finanzas y también de las innovaciones? De pronto nos sorprende, quizás la impulse hasta cimas imprevisibles y hasta puede hacer que Mark Zuckerberg quiera irse a otro planeta, como si se hiciera clamorosa realidad el film “No mires para arriba”. Musk está mirando para todos lados, por los visto, y parecen salirle casi todas.

Es un hombre de este tiempo, digamos, con todo lo que eso implica: harto dinero, pasión digital, emprendedurismo al tope. Y al mismo tiempo con afán de poder, una costumbre milenaria, que en los tiempos de internet pasa necesariamente por controlar al menos parte de ese escenario donde se debate, o se intenta debatir, y donde también se parlotea hasta casi el infinito.

El patrimonio estimado de Musk es de 219 mil millones de dólares; el PBI del Perú al 2020, de acuerdo al Banco Mundial, es de 202 mil millones. Enfrentar con cierto éxito el hambre en los sitios más pobres del planeta costaría unos 2 mil millones. Todo esto merecería varios ‘tuitazos’, aunque supongo que de momento son más los que comentan, o celebran, esta magna compra.

(*) Profesor UARM