Opinión

Roban pero no hacen obra

La caída de Castillo parece una película vista de final conocido.

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La presidencia de Pedro Castillo parece estar en esa agonía que los peruanos conocemos bien luego de haber tenido –sufrido, más bien– el drama político de cuatro presidentes en solo un lustro.

Hasta la foto del lunes en la noche en palacio de gobierno, delante de la misma escalera, con el presidente Castillo y su gabinete, recuerda las de Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra cuando el final de sus presidencias era inminente. La caída de Manuel Merino fue más abrupta y veloz, y ni le dio tiempo para organizar la foto de la última cena.

En todos esos casos, con distintos motivos, fundados unos, infundados otros, coincidió una presidencia muy débil, con un congreso opositor en donde el jefe de estado carecía de una bancada propia, y con la revelación de hechos de corrupción en un contexto de aprobación decreciente de la opinión pública al primer mandatario.

Que es lo que está sucediendo hoy en el país en medio de la proliferación de noticias sobre la relación clandestina del presidente con personas interesadas en hacer negocios indebidos con el estado, frente a lo cual Castillo no parece darse cuenta de la gravedad de estos hechos. O quiere pasar como ingenuo para camuflar que es un vivazo.

La permanencia de Castillo en la presidencia se complica más porque en los cuatro meses que van desde el inicio de la misma se ha comprobado una alta incapacidad para poner en marcha un programa de gobierno mínimo que permita acaso acercarse a la aspiración de no más pobres en un país de ricos.

En un país con suficiente conocimiento acumulado sobre la teoría y práctica de las caídas presidenciales, la posibilidad de la vacancia crecerá a medida que, como es muy previsible, aparezcan más noticias de malos manejos en el gobierno, lo cual llevará a varios a bajarse del barco, incluyendo bancadas parlamentarias, aliados políticos y hasta ministros de estado. No puede descartarse, incluso, que la admisión del pedido de vacancia supere los 52 votos y se acerque a los 87 para la destitución.

El problema del gobierno del presidente Pedro Castillo es que, en medio de su fragilidad, para hacer una parodia de un antiguo y penoso dicho de la política peruana, hay sospecha de que en su gobierno roban y evidencia de que ni hacen obra.

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