Chinchero, el aeropuerto más peligroso de los Andes

Una mirada crítica al controvertido proyecto que impulsa el Gobierno desde el punto de vista de la seguridad aérea.

La República
7 07 2019 | 06:00h

La disputa sobre un nuevo intento de las autoridades de Lima y Cusco de construir un innecesario, peligroso, nuevo aeropuerto en las alturas sobre Machu Picchu se está poniendo áspera. La cosa está tan fuerte, me dice John Hemming, la gran autoridad sobre lo incaico, como el Brexit en Londres, con las partes gritándose “ignorante”, “estúpido”, “corrupto” y hasta “ciego”.

“Aeropuerto de Chinchero es una tonta fantasía”, dice Hemming, cuyo monumental La conquista de los incas es la versión de prestigio sobre la región.

Desde Lima, el presidente Vizcarra ha financiado un equipo de buldóceres y camiones, despachándolos hacia las pampas de la comunidad de Chinchero, donde están haciendo huecos desde comienzos de año. No respalda estos esfuerzos un plan conocido y ellos transgreden una docena de normas que prohíben construir en lugares arqueológicos o afectarlos. La comunidad local no le ha dado al Gobierno el consentimiento establecido por ley. En pocas palabras, las autoridades de Cusco y Lima están avasallando normas muy establecidas, normas que buscan prevenir exactamente este tipo de prepotencia. Chinchero, un espléndido pueblo incaico y colonial, ubicado sobre un promontorio, con una vista espectacular sobre tierras de la zona de Machu Picchu, será en los hechos destruido.

Esta semana, Vizcarra anunció que había concedido contratos a un mix de empresas de Corea del Sur para que supervisen la construcción del aeropuerto.

El aeropuerto Chinchero-Machu Picchu reemplazaría al actual aeropuerto en el centro del Cusco. Pero la solución, a un problema que en verdad no existe, es modernizar ese actual aeropuerto a 3.200 msnm y construir una urgente carretera moderna desde la costa de Nasca. Pero eso es demasiado sencillo, barato y sensato.

Hoy, la lucha en Cusco y Lima, en torno a Chinchero, es una tormenta en un vaso de agua, aunque de gran tamaño. La agitación terminará en el mismo canasto que otros proyectos saturados de corrupción. Pero no todo termina en la oscuridad segura de un retrete. Cusco ha sido el centro de billones de dólares de corrupción gubernamental, con sobornos masivos en patéticos caminos y hospitales, botaderos de basura, ductos y desagües, que han comprometido a ministerios de Lima y grupos protocusqueños.

Chinchero destaca entre todo eso, con más de US$ 300 millones en gastos preliminares desviados desde fondos gubernamentales para hospitales y escuelas, entregados a grupos comunitarios de oscuras identidades.

El gobernador regional de Cusco, que repartió el dinero para la compra de los sembríos de papas de Chinchero, Jorge Acurio, está preso desde hace un par de años esperando sentencia sobre acusaciones de soborno en un puñado de proyectos. El alcalde de Urubamba en ese tiempo, Benicio Ríos, ha empezado una pena de siete años por corrupción (Chinchero está dentro de la provincia de Urubamba). Él y Acurio fueron parte de un grupo de empresarios y políticos de Cusco y Lima que empujaban este desaliñado proyecto. Vizcarra mismo enfrentó procedimientos acusatorios del Congreso en el 2017, por su nebuloso papel en Chinchero como ministro de Transportes. El presidente Kuczynski rápidamente le dio un pasaporte diplomático, despachándolo a Ottawa de embajador.

La destrucción de Chinchero ya casi no importa en la medida que la industria turística, la que están presionando por este nuevo aeropuerto, tiene una fea foja de servicio. Ya ha destruido buena parte de los espacios centrales del incario, empezando por el elegante vecino inca de Chinchero, la alguna vez espléndida joya Ollantaytambo. Las autoridades del Cusco han reconocido un problema al declararlo en “emergencia”. Hace unos años, Ollantaytambo era un antiguo, tranquilo y adorable pueblo indio. Hoy es un remolino colapsado, ruidoso, atorado por el tráfico vehicular. Machu Picchu mismo se ha convertido en una miseria de colas y de confusión. Los tres lugares más importantes dentro de Machu Picchu ya no pueden ser visitados al margen de un incomprensible sistema de lotería.

Pero el bloqueo definitivo a la pesadilla de Chinchero es que esas pampas están demasiado altas, y el clima es peligrosamente turbulento como para volar allí. El presidente Belaunde casi muere allí en 1981, durante un vuelo de observación. Descartó Chinchero. “Ni me hablen más del asunto!” dijo, según un testigo presencial, luego de casi precipitarse en un robusto Lockheed Buffalo.

A más de 3,700 msnm, Chinchero sería, junto con El Alto de La Paz, el aeropuerto comercial más alto del mundo. Pero El Alto está entre espacios abiertos y es seguro en un buen día. En cambio, Chinchero está dominado por tijeras de viento, granizo, nubosidad. La cordillera Urubamba, con picos de 6.000 metros y glaciares se eleva a unas pocas millas al norte. Bajo la superficie de las pampas hay un queso suizo de cavernas de piedra calcárea y cavernas subterráneas. Los sumideros de los andenes incaicos de Moray están al borde de Chinchero. La gente de la aviación militar se niega a darle a Chinchero siquiera una certificación preliminar. Los ministerios y despachos oficiales de Lima poseen gruesos legajos de documentos notariales que declaran a Chinchero “imposible”, y hasta ridículo como lugar para la aviación comercial, o incluso militar.

De modo que Chinchero, que sería el aeropuerto más peligroso y asesino de los andes, no se va a materializar.

Salvo, claro, que los grupos políticos y financieros que han puesto los ojos sobre las 240 hectáreas de tierra urbana del actual aeropuerto se saquen nuevas cartas de la manga. A los precios actuales en esa parte del Cusco, esa tierra vale algo. Digamos una US$ 1,000 el metro cuadrado.

Saquen la cuenta.

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