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Opinión

Salvar el Mundial, por Ramiro Escobar

"Desde esa cancha puede venir la posibilidad de que un día no sintamos que el Mundial es una feria de tráfico de influencias, sino un episodio donde los poderosos no siempre son dueños de la pelota"

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salvemos el mundial de futbol | Alejandro Céspedes usando Nano Banana AI | La República

La manera cómo Donald Trump ha contaminado este Mundial de Fútbol es, digamos, de campeonato. No le bastó con mandar a la policía migratoria a cuidar los estadios, con expulsar a un árbitro somalí, con maltratar a los jugadores iraníes, uzbekos y senegaleses. También tuvo que llamar a Gianni Infantino para que le anularan una tarjeta roja a un jugador de su equipo.

La pelota ha sido embarrada, y no solo por él. La senadora paraguaya Celeste Amarilla puso su escandalosa cuota de racismo al insultar a Kylian Mbappé; algunos árbitros hicieron lo suyo al convertir al VAR en un oráculo sospechoso, tal como ocurrió en el partido entre Argentina y Egipto; la ultraderecha española ha atacado a Lamine Yamal, jugador de su propio equipo.

Muchos aficionados, como el suscrito, cavilamos entre la pasión y la decepción. Sabemos que el fútbol se ha convertido en un meganegocio, que la FIFA hace y deshace cual potencia mundial informal, que se maquina para que las "estrellas" siempre salgan bien libradas y los dólares también. Que la geopolítica ha entrado a este Mundial 2026 cometiendo grotescos fouls.

Aun así, la nobleza del fútbol no ha quedado totalmente fuera de juego. Tuvimos a un heroico equipo de Cabo Verde, que se rebeló contra el poder y el destino; todavía tenemos en acción a un austero Erling Haaland, que mete goles con una serena y asombrosa determinación nórdica; y a los jugadores y entrenadores de más de un equipo, que levantaron la voz por Palestina.

En cierto modo, quizás haya sido mejor que la FIFA se desnude de ese modo, que el escándalo sea de tal magnitud que ya no se pueda meter debajo del césped. En algún momento, quienes salvarán este hermoso deporte no serán los Trump ni los Infantino, sino personas como Lise Klaveness, la presidenta de la Federación Noruega de Fútbol, una mujer de otra estirpe ética.

La exfutbolista denunció las tropelías de Catar 2022 contra los trabajadores migrantes y ha abogado por el respeto a los derechos humanos en los torneos. Desde esa cancha puede venir la posibilidad de que un día no sintamos que el Mundial es una feria de tráfico de influencias, sino un episodio donde los poderosos no siempre son dueños de la pelota.

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