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Opinión

Espías, chico, por Mirko Lauer

"Hubo un tiempo en que el agente secreto era producto de una convicción ideológica. Ahora que las ideologías se han licuado en buena medida, mucha gente pasa al espionaje por estrictas consideraciones económicas, para entrar a un puesto público en el extranjero".

larepublica.pe
MIRKO

La condena de un agente cubano fresco en los EE. UU. hace pensar en el espionaje que se está dando hoy en América Latina. Temas para buscar urgente información por lo bajo existen. Está La Habana como fabricante y asesora de dictaduras latinas. Está la pugna China-EE .UU. por espacios en toda la región. Está la lucha por el control de materias primas clave.

Es reconocida la excelencia del servicio de inteligencia cubano, hijo de todas las siglas del espionaje soviético. Manuel Rocha, el agente recién capturado tras 40 años+ de servicios a Fidel Castro, llegó a ser embajador de Washington en La Paz, donde fue clave en el lanzamiento de Evo Morales, y de su primera victoria electoral.

El famoso G-2 ha promovido correligionarios izquierdistas por toda la región, lo cual ha desembocado en dictaduras a imagen y semejanza de la cubana. En Venezuela, por ejemplo, la prosperidad petrolera ha sido reemplazada por una pobreza que ya ha hecho fugar a millones. La Habana siempre ha sacado tajada de este tipo de situaciones.

El negocio de los servicios de inteligencia (ciertamente no solo el de Cuba) es la geopolítica, lo cual supone tener influencia en los ministerios de Relaciones Exteriores, las Fuerzas Armadas, y en la política en general. En Perú el jefe de un importante partido del Congreso, hoy prófugo, hace esfuerzos por parecer un agente cubano.

La principal tarea de los agentes extranjeros en la región quizás es ganar elecciones, o por lo menos influir mucho en ellas. La idea es controlar a un Gobierno ajeno, al menos en algunos aspectos. No son tareas heroicas como las de la Guerra Fría, sino más bien burocráticas, y llamadas a que pronto las reemplace la inteligencia artificial.

Hubo un tiempo en que el agente secreto era producto de una convicción ideológica. Ahora que las ideologías se han licuado en buena medida, mucha gente pasa al espionaje por estrictas consideraciones económicas, para entrar a un puesto público en el extranjero. No se contradice con el patriotismo, pero un puesto seguro en el Estado ayuda.

La figura del (o de la) espía se ha vuelto romántica, y no hay manera de comprenderla sin el complemento de los recursos electrónicos con los que se puede recoger información. Románticos, pero igual van presos. No se debe husmear en los secretos del vecino.

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