Elvira de la Fuente, la peruana que ayudó a evitar un ataque nazi en Londres durante la Segunda Guerra Mundial
El trabajo de Elvira fue decisivo en la confusión de los nazis respecto a los planes del Día D, lo que facilitó la exitosa ejecución de la invasión aliada en Normandía.
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Las historias de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial son fascinantes y llenas de intriga. En ese período, las operaciones de inteligencia jugaron un papel fundamental en el curso de los eventos, tanto en el frente occidental como en el oriental. Los espías, tanto de los aliados como de las potencias del Eje, se infiltraron en territorios enemigos, desinformaron y sabotearon operaciones clave. Tal fue el caso de Elvira de la Fuente, conocida también como Elvira Chaudoir, una figura clave cuyo rol durante la Segunda Guerra Mundial la convirtió en una agente doble esencial en la historia del espionaje.
Elvira de la Fuente, una vida de lujo y libertinaje
Nació en 1911 o 1912, en París o Lima, aunque el periodista peruano Hugo Coya declaró a la BBC que "con toda seguridad era peruana", ya que estaba registrada en el consulado peruano en París, pero que solo había dudas sobre el lugar exacto del nacimiento.
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Elvira vivió una vida llena de lujo y libertinaje. Su padre era un diplomático peruano que hacía fortuna con el comercio de guano. Su madre, de ascendencia cubana y española, contribuyó a la diversidad de su vida. Asimismo, Elvira estudió Ciencias Políticas, se identificaba como agnóstica y, desde su época escolar, solía poner en duda las creencias y tradiciones predominantes, como la expectativa de que las mujeres debían casarse y convertirse en madres.
En su juventud, Elvira se casó con un empresario belga, pero ese matrimonio no duró mucho. Tras separarse, vivió en París, derrochando dinero en bares y casinos mientras la guerra se desataba en Europa. Después de la caída de Francia ante la ocupación nazi en 1940, huyó a Londres, donde continuó su vida social, provocando críticas debido a su comportamiento y estilo de vida desinhibido. Aunque se quejaba de su situación económica, nunca parecía realmente dispuesta a encontrar trabajo.

Elvira de la Fuente escapó a Londres en septiembre de 1939, después de la invasión nazi de Francia. Foto: BBC
El momento en el que se convirtió en espía
Elvira se quejaba mucho de no conseguir empleo debido a ser peruana. Su destino cambió cuando un oficial de la Real Fuerza Aérea británica la contactó bajo el nombre de "Masefield". En ese momento, su pasaporte peruano, proveniente de un país neutral en la guerra, le permitió moverse sin muchas restricciones por Europa. A pesar de su apariencia de mujer frívola y despreocupada, Elvira fue reclutada para formar parte del espionaje británico.
Fue entrenada para ser una espía encubierta y se le dio la misión de infiltrarse en el servicio de espionaje nazi bajo el seudónimo de Cyril. El entrenamiento consistió en técnicas de espionaje, como aprender a mentir durante un interrogatorio y escribir con tinta invisible. Finalmente, Elvira fue enviada a París bajo el pretexto de visitar a su padre en la Embajada de Perú. Su verdadero objetivo era infiltrarse en el servicio de espionaje nazi.
Elvira y su papel decisivo en el espionaje británico durante la Segunda Guerra Mundial
Elvira logró hacerse pasar por una mujer de la alta sociedad mientras recopilaba valiosa información. A través de su vinculación con un agente de Hermann Goering, llamado Bibi, y su pertenencia al Comité XX (también conocido como la Doble Cruz), contribuyó de manera decisiva al espionaje británico, desinformando a los nazis con información falsa, evitando que se concrete un ataque contra Londres por parte del poderío alemán.
Su trabajo fue clave en la confusión de los enemigos sobre los planes de desembarco en Normandía, lo que ayudó a que los aliados pudieran llevar a cabo el Día D con mayor éxito y facilidad.
Últimos años de su vida
En 1995, Elvira de la Fuente ofreció una única entrevista en la que reveló sus dificultades económicas, lo que llevó al MI5 a recompensarla con 5,000 dólares en agradecimiento por su labor. Sin embargo, murió solo un mes después. A pesar de la recompensa modesta, siempre recordó esa etapa como "el periodo más maravilloso e intenso de mi vida", según recoge el británico Ben Macintyre en su libro Doble Cruz: la verdadera historia de los espías del Día D.
¿Cuántos años duró la Segunda Guerra Mundial?
La Segunda Guerra Mundial duró seis años, desde 1 de septiembre de 1939 hasta el 2 de septiembre de 1945.

























