Las víctimas inocentes del sicariato: el caso del niño Liams
Justicia. Niño de 5 años murió por un disparo en Trujillo. En el Rímac, una pequeña de 8 años vio cómo asesinaban a su progenitor. En Ancón, dos primas fueron alcanzadas por las balas de unos sicarios.
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Algunos fueron testigos de un horrendo crimen. Otros se convirtieron en víctimas. También están los que añoran el abrazo de su papá o mamá, y los que aún ignoran por qué quedaron huérfanos. Son los niños y niñas víctimas del sicariato que perdieron a un ser querido o perdieron la vida por una bala que no estaba dirigida a ellos.
Liams, de cinco años, es uno de ellos. El pequeño fue asesinado el 4 de diciembre en su casa, en la ciudad de Trujillo, mientras salía de la mano de su papá a realizar unas compras.
Aquel sábado por la noche dos sicarios armados dispararon a otros dos sujetos que corrieron hacia la vivienda del menor. Una bala le impactó en el pecho y otra hirió en el pie a su padre, Ángel Ricardo Loyola Pulido, chofer de camión.
El caso provocó la indignación de gran parte de la población, que mostró su incredulidad porque un caso tan brutal se hubiera registrado en el lugar más seguro: la casa.
“Muchas de las víctimas son padres de familia y por ello son los hermanos mayores los que suelen quedar a cargo de los más chiquitos. Y si no hay mayores, se los reparten entre familiares, tías, abuelas”, explica Adela Risco, terapeuta de La Casa del Encuentro.
“No hay palabras para explicar mi sentimiento. Solo agradecer que mi niño vivió y brilló cinco años en la Tierra y a partir de hoy brillará en el cielo eternamente”, dice Ángel Loyola.

Liams Trujillo
Nadie está seguro
Se disfrazan de repartidores de comida, aparentan ser vecinos e ingresan a barrios y urbanizaciones para cometer sus crímenes. Los sicarios se las ingenian para entrar a espacios donde sus blancos se sienten seguros y ejecutan los crímenes por encargo, sin importar si hay menores o ancianos cerca.
En distintos lugares de Lima donde se han dado estas muertes violentas la gente sigue asustada, no puede creer que la seguridad haya sido violentada de esa manera y que el sicariato invada sus espacios, a los que se mudaron precisamente para tener mayor seguridad.
El 22 de agosto fueron asesinados en Ancón Natali Tuya Jara (21), su hija de tres años, Pilar Castañeda Villaorduna (28) y su pareja, Army Bryan Amasiguel Espinoza (34), así como la hija de ambos, de trece años. Además, resultaron heridos Jack Marlon Izuisa Zevallos y Deysi Esther Zevallos Luna (41).
Gian Carlo Quispe Sobero fue asesinado esta semana de 16 balazos cuando caminaba con su hija de 8 años. Ocurrió en el Rímac. En medio del ataque, el hombre le pidió a la niña que corriera para salvar su vida.
Eran las 2:30 p.m. del martes, cuando el joven de 32 años salía de una bodega ubicada en la cuadra 4 de la Calle 12, acompañado de su pequeña.
En ese momento, dos sujetos armados descendieron de una moto y le dispararon sin piedad, mientras la menor corría hacia otra calle.
“Tenemos confianza en que las autoridades lograrán esclarecer los hechos. Queremos justicia”, dijo un tío de Gian Carlo.
Cifras son preocupantes
Según la División de Investigación de Homicidios de la PNP, del 1 de enero al 12 de noviembre se registraron 506 asesinatos en Lima, de los cuales 219 presentan características que los clasifican como “obra de sicarios”.
Asimismo, hasta el 20 de noviembre, 205 personas fueron victimadas por asesinos a sueldo en el Callao, donde hubo un total de 264 homicidios.
La mayoría de estos crímenes ocurrieron por venganza, por la venta de drogas, cobro de cupos y por rivalidades.
La Policía indica que viene realizando un trabajo táctico de seguridad reforzado frente al aumento de casos de sicariato. Siete de cada diez asesinatos de este tipo son cometidos por sujetos a bordo de una moto.
Las cifras
205 personas fueron asesinadas por sicarios en el Callao.
506 homicidios hubo en Lima en este año.
219 casos de sicariato se registró en la capital.
153 fueron las víctimas asesinadas por sicarios el año pasado en Lima.
Sufren estrés postraumático
Carlos Bromley, médico psiquiatra
El problema es que muchas veces esto significa que los niños, además del drama de perder a un padre, o de saber que su padre es un asesino, deben cambiar de barrio, de escuela, de amigos. Su estructura de vida se modifica por completo. El drama es total, son sobrevivientes.
Estos chicos sufren estrés postraumático. La pérdida de una madre es un hecho devastador, pero si además hay que procesar que el asesino es el padre, el valor traumático es muy grande. Es algo con lo que van a cargar el resto de sus vidas.
En el transcurso aparecen enfermedades, problemas de conducta. Puede haber trastornos de sueño, de alimentación. La vida que tenían hasta ese momento se termina y deben empezar de nuevo.
El amor no alcanza, porque además los familiares también están heridos, tristes. Es fundamental que cuenten con herramientas para que puedan transitar el proceso de la mejor forma posible.























