Impotencia legislativa, por Natalia Manso

La propuesta de retirar los huacos eróticos de los espacios públicos carece de sustento científico.

Congreso devolvió dinero al Ejecutivo | Foto: difusión.
Congreso devolvió dinero al Ejecutivo | Foto: difusión.


La parlamentaria Milagros Jáuregui ha solicitado retirar los huacos eróticos de los espacios públicos para que sean expuestos únicamente en recintos cerrados. Justifica su dislate como parte de una singular cruzada en favor de la infancia, en la que se exhiben niñas violadas cargando a sus bebés y se desaparece la educación sexual integral en las escuelas.

Ante las comisiones de Cultura y de Descentralización, Regionalización y Gobiernos Locales, afirmó que los huacos dañan a los niños y “les despiertan a una sexualidad para la que no están neurológicamente preparados”. Además, aseguró que ha realizado mesas de trabajo con psiquiatras y psicólogos que avalaron su tesis; sin embargo, no hizo públicos sus nombres. Pero, además, si revisamos el proyecto de ley original, PL 3383/2022-CR, presentado por Jáuregui hace cuatro años, el único sustento de la supuesta afectación psicológica es la opinión del Dr. Gabriel Flores Ciani, psicólogo argentino conocido por asesorar a organizaciones de ultraderecha, evangélicas y provida, quien afirma que las imágenes eróticas generan alteraciones en las emociones de los menores, con posibles consecuencias en sus vidas.

Presentar proyectos de ley sin sustento o basados en datos y fuentes no rigurosas es la nueva normalidad. Todo vale: me invento un daño que la comunidad científica no sostiene, refiero fuentes no reconocidas por ningún órgano internacional y utilizo “expertos” que acaban resultando correligionarios solapados. En este caso, los dos puntos fundamentales que deben probarse son: la relación huaco erótico-daño psicológico al menor y la relación huaco erótico-incitación a una sexualidad temprana. De lo primero, no hay evidencia y así lo han manifestado varios psicólogos y organizaciones civiles que señalan que no existe ningún estudio que atribuya secuelas neurológicas o psicológicas a la observación de piezas arqueológicas o culturales, mientras que el verdadero factor de riesgo es el consumo prematuro de pornografía en internet. Expertos como el Dr. Gary Manuel Rivera Molina, psicólogo clínico del Ministerio de Salud del Perú y miembro de la Asociación Peruana de Sexología, Salud y Educación Sexual, sostiene que la curiosidad de los niños frente a estas imágenes debe abordarse mediante una comunicación natural y sencilla por parte de los padres, adaptada a su etapa de desarrollo.

Ante la evidente avalancha de indignación de algunos y burlas de otros, la diputada Paola Martínez, de Renovación Popular, salió a echar una mano a su colega Jáuregui y dijo en RPP TV que tenemos una cultura hipersexualizada y que “existen informes de las UGEL y de las DREL que indican que los niños se están iniciando tempranamente dentro de las unidades educativas”. No he encontrado rastro de tales informes, por lo que he realizado un pedido al Minedu solicitándolos. Mientras tanto, la evidencia consta en la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES), que realiza el INEI cada año. La última publicada, referida a datos de 2025, refleja que la edad media de la primera relación sexual de las mujeres que hoy tienen entre 25 y 49 años —a los hombres ni les preguntan— fue de 18,2 años, dato que no ha tenido variación significativa en los últimos cinco años. Por regiones, la selva es la de inicio más precoz, con 16,8 años, y la costa y la sierra empatan con 18,5 años. Por etnias, las mujeres que se autoidentifican como blancas son las de más temprano inicio —a los 17,8 años en promedio— y las mestizas, las más tardías, con 18,4. No parecería, entonces, que la edad sea tanto el problema, sino otros factores: de un lado, las relaciones sexuales forzadas, es decir, la violencia; y, del otro, el desconocimiento sobre la protección frente a enfermedades de transmisión sexual y el embarazo no deseado.

Los abanderados de la infancia deberían preguntarse a qué se debe que la encuesta demográfica más importante del país no aplique un cuestionario de salud sexual y reproductiva a los hombres y dejar de despilfarrar nuestros impuestos en proyectos de ley absurdos e inconducentes. Y, sobre todo, están a tiempo de restituir la educación sexual en las escuelas, pues cuatro de cada diez mujeres encuestadas no utilizaron preservativo en su primera relación sexual, el 17,3 % desconocía que el preservativo es la forma de evitar el VIH y la mitad de las que utilizaban la abstinencia periódica como método anticonceptivo ni siquiera conocía su período fértil.

*Profesora de la Pacífico Business School


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