
El embajador de los EE. UU. en Lima está empecinado en forzar la clausura de los cuatro institutos Confucio alojados en sendas universidades peruanas. Ese no es su papel, pero Bernie Navarro insiste. Las universidades del caso están entre los centros de educación superior privados de más prestigio académico en el país y entre los más destacados de América Latina.
Además, estos centros de enseñanza del chino llevan muchos años en los campus donde fueron acogidos, sin indicios de haber comprometido la autonomía académica de las universidades o generado situaciones de influencia indebida. Son centros que también prestan servicios al público en general, como quienes desean viajar a China, aprender el idioma o desarrollar vínculos comerciales con ese país.
Pero el embajador no se convence y muestra el garrote: «Y para proteger nuestras colaboraciones en el Perú (...) no podemos trabajar con las universidades que tienen estos institutos».
Cuestionamientos como el de Navarro son contraproducentes para quienes los promueven. Se entiende que Torre Tagle, desde una posición que se pasa de discreta, evite pronunciarse sobre el tema, acaso para evitar controversias innecesarias. Pero en algunos sectores de la comunidad académica estas actitudes generan incomodidad y preocupación, sobre todo por lo que podrían representar para la autonomía universitaria y la cooperación académica internacional.
El argumento de Navarro es que él mismo expulsó a un instituto chino parecido del community college donde era autoridad. Pero es Navarro el que está algo confucio, pues él no es autoridad en el Perú ni en alguna de sus universidades. Los reclamos que viene haciendo están fuera de lugar.
Lo que acaba de hacer Navarro con el texto antichino aparecido en este diario a pedido suyo hace un par de días es, además de ofender a cuatro importantes universidades peruanas, escupirle la sopa a Torre Tagle y a la embajada china en el Perú, que la semana que viene celebrarán 55 años de relaciones diplomáticas. Navarro ha avanzado mucho desde que le metió un mordisco a una hamburguesa de José Jerí.
Al embajador le preocupa mucho la influencia del Partido Comunista Chino en el Perú. Sin embargo, las relaciones de los EE. UU. con los comunistas chinos dan la impresión de ser más amplias, variadas e intensas que las del Perú.

Lauer cuestiona la presión del embajador estadounidense para cerrar los institutos Confucio en el Perú y advierte sobre sus implicancias para la autonomía universitaria y la política exterior.

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