“Manual para hablar con Dios”, de Fernando Gutiérrez Cassinelli “Huanchaco”, por Eduardo González Viaña
La instalación del artista trujillano propone un satírico y místico viaje que mezcla las dinámicas culturales del Perú con la ciencia ficción, la ufología y la mitología.

En septiembre de 2022, el Museo Reina Sofía adquirió la colección Manual para hablar con Dios del artista peruano Fernando Gutiérrez Cassinelli. Un año y medio después, esa obra ha sido incorporada en la exposición Maquinaciones del reconocido centro español.
El Manual… incluye cincuenta hojas mecanografiadas con tinta azul, una partitura sonora dibujada y un video a modo de ritual.
En la mayoría de sus obras, el polifacético Fernando -o “Huanchaco”, como también lo llaman- plantea una reinterpretación de la historia de nuestra América, y lo hace por lo general en forma de parodia.
Nacido en Trujillo, en 1978, Fernando estudió Bellas Artes en la Universidad Católica. Los galardones que desde entonces ha recibido son innumerables.
Su obra se encuentra actualmente en galerías que se suelen considerar como las más importantes del Perú y el mundo.
Como ya se ha dicho de él, su representación paródica del pasado no es de ninguna manera nostálgica, sino más bien crítica. En un contexto como el peruano, el artista reconoce aquello como una estrategia de supervivencia.

Fernando Gutiérrez Cassinelli. Imagen: Difusión.
Todavía nos queda la pregunta de: ¿Por qué se llama Manual para hablar con Dios al conjunto que se exhibe en el Reina Sofía?
Me responde:
“El proyecto fue resultado de una investigación en torno al grupo Alfa y Omega, que custodia más de cuatro mil rollos escritos que, según sus integrantes, fueron dictados telepáticamente por el ‘Padre Solar’ al ciudadano chileno Luis Soto Romero durante los años setenta.
Este proyecto fue muy importante para mí porque plantea algo que me parecía fascinante: por primera vez, dentro de la cosmovisión cristiana, Dios reconoce a los latinoamericanos como sus hijos. Los textos de estos rollos son una mezcla de reflexiones filosóficas sobre la creación del universo y, al mismo tiempo, el discurso de un padre que se dirige a su pueblo”.
Como se advierte, la atención de Fernando está puesta en las creencias populares y en el afán de trascendencia que ellas expresan.
Otra de sus obras, “El Lanzón de Chavín”, ha sido adquirida por el Museo de Arte de Lima, MALI, y consta de una instalación de veintiséis dibujos, además de una réplica del Lanzón realizada a partir de un molde.
En la obra de Gutiérrez, el lanzón es flexible y está tendido sobre un diván. Le pregunto al artista si quiere psicoanalizar al monolito. Sonríe y me responde:
“Me preguntaba yo por el peso que en su tiempo se puso sobre los hombros de ese pobre lanzón: el peso de sostener la idea de que era, de alguna manera, la semilla de nuestra cultura.
A partir de un molde hicimos un vaciado en silicona, y generamos una copia exacta del original, pero flexible, flácida y exhausta, incapaz de mantenerse de pie.
La réplica aparece tumbada sobre un diván de psicoanálisis, mientras que, en una silla, a manera de psiquiatra o terapeuta, un megáfono le pregunta por sus sueños, pero al mismo tiempo le dice quién es y qué significa, mientras reproduce los textos, interpretaciones y definiciones que la academia ha construido sobre él”.

"Psicoanálisis al Lanzón de Chavín” (2024) de Fernando Gutiérrez "Huanchaco". Imagen: Difusión.
Como se sabe, el lanzón es el supremo oráculo del mundo Chavín (1200 - 400 a. C.). El artista Gutiérrez intenta con esa obra una reflexión sobre los orígenes y la evolución de nuestra cultura.
Le digo después a Fernando que he leído algunos comentarios sobre su obra que lo caracterizan como uno de los mejores artistas de nuestra América, pero, ¿qué eres tú?, le pregunto.
“Eso es demasiado. La verdad es que trabajo desde hace años en algo que me interesa y que atraviesa muchos de mis proyectos: las preguntas en torno a cómo y desde dónde construimos nuestra identidad, sobre todo en una sociedad tan compleja como la latinoamericana y, particularmente, la peruana.
En cuanto a la pintura, la escultura, el video y demás medios, los entiendo como herramientas. Los escojo de acuerdo con lo que considero más conveniente para la elaboración del discurso de cada proyecto. El medio no está definido de antemano; aparece en función de lo que la obra necesita decir”.
El atelier de Fernando Gutiérrez se encuentra en una casa de color morado situada en Barranco. Después de haber observado algunas de sus obras y de pensar en el Manual para hablar con Dios que él propone, me pregunto si no vamos a caminar hacia el filo del abismo y Fernando me va a invitar a saltar. Felizmente, él no escucha mis pensamientos, pero sonríe mientras llega mi taxi.












