Caída libre, por Rosa María Palacios

Todos los miedos sobre un gobierno autoritario se han disipado ante tal exhibición. Keiko, ya no da temor. En estas circunstancias necesita demostrar que tiene dominio de algunos temas y mando sobre el gabinete.

Caída libre, por Rosa María Palacios
La República


Todo presidente peruano recién elegido por el pueblo abre su gobierno con gran popularidad, reflejando, al menos, la expectativa de aquellos que votaron por él en la segunda vuelta. Cuando hay mucha esperanza, incluso puede crecer un poco más, y cuando no la hay, decrecer. Pero esa primera marca lo acompañará todo su mandato como línea de base.

Keiko Fujimori tuvo su primera medición de aprobación y desaprobación por parte de la opinión pública en agosto, en dos encuestas. Datum registró un 60% de aprobación y un 24% de desaprobación. Ipsos le dio 57% de aprobación y 25% de desaprobación. Sin duda, un buen inicio que, también es evidente, va a deteriorarse a medida que transcurre el gobierno. Lo que es inusual es que esta “luna de miel” o periodo de gracia que otorga la población a un gobierno recién llegado se evapore en días, cuando debería durar meses.

Esta semana, realizada la misma pregunta con las mismas dos empresas encuestadoras, los resultados son catastróficos para el gobierno y no tienen precedente en la historia política de por lo menos este siglo. Hasta Pedro Castillo, que empezó muy abajo, algo remontó el segundo mes. A la presidenta la aprueba, según Datum 42% y la desaprueba 44%. Ipsos le da una aprobación de 42% y una desaprobación de 48%.

¿Cómo se puede aumentar la desaprobación en al menos 20 puntos en un mes? ¿Qué hecatombe política puede explicar estos números? Las dos empresas son serias, tienen cada una su propia metodología que repiten mes a mes. No hay ninguna razón para dudar de la seriedad del resultado y no se podría achacar a ninguna un sesgo antigobierno. Si alguien del oficialismo pretende salir con la consabida excusa de desprestigiar al mensajero, está perdiendo el tiempo.

¿Qué razones explican este derrumbe? Aprovechemos esta oportunidad para listar algunos asuntos que pueden haber defraudado a la opinión pública. En este caso, la causa es multifactorial porque no se trata de un solo hecho, aunque las consecuencias de todos sí se reflejan en una frase de enorme desilusión que lo resume todo: “Ella no sabe gobernar”.

Lo primero es explicar el deterioro en tan breve plazo. A pesar de que Keiko Fujimori ha dicho más de una vez que nunca ha gobernado, esa no es la percepción popular. Desde que el 2016 anunció que gobernaría desde el Congreso, sus actos y los de su partido han sido actos de gobierno. Ha sacado y puesto presidentes y ha garantizado permanencias. Desde el Congreso, ha hecho de todo. Desde perseguir adversarios, hasta conceder privilegios tributarios, pasando por modificar la legislación penal. Si lo hizo en alianza con enemigos políticos como Perú Libre o amigos políticos como APP o Renovación, da lo mismo. Son 10 años en el poder. Ese ya es un enorme desgaste.

Lo segundo es la falta de cuadros. Si tienes por lo menos 15 años peleando por la presidencia, debes tener un mejor elenco para manejar el Ejecutivo. Los vicepresidentes Torres y Galarreta tienen toda su experiencia política hecha en el Congreso. Y no cualquier Congreso, sino uno en el que tenían mayoría propia o por alianza. Del manejo del Ejecutivo, lo que mejor saben hacer es obstruir, no construir. El Gabinete formado por Galarreta ha reclutado inexpertos en materias críticas para el gobierno. El único que tiene un cartel propio es Elmer Cuba y por eso es el único que ha podido presentar economistas sobresalientes como consultores de alto nivel (aunque se olvidó de que existen buenas economistas mujeres). A esta situación de mediocridad, hay que sumarle el reciclaje de funcionarios que no tuvieron éxito en gobiernos anteriores. Ministros, viceministros y toda la jerarquía de administraciones de ingrato recuerdo se han recolocado. Es como el juego de las sillas, pero siempre hay silla para todos y siempre son los mismos.

Lo tercero, es la falta de ideas. Apostar todo a una delegación de facultades amplísimas, que no tiene contenido específico es políticamente suicida si no tienes mayoría en diputados. Peor destino aún, si les haces saber que, “no importa lo que aprueben con tal de que aprueben algo”, porque todo se puede modificar en el Senado. Armar esa emboscada y culpar a la oposición por no cumplir tus promesas de campaña es muy mala estrategia. Si quieren corregir rumbo tienen que acotar y describir exactamente lo que requieren en materia legislativa. Hasta el respaldo ciudadano (que suele ser generoso) a la delegación de facultades se les ha caído. En el camino, se desgastaron inútilmente.

Lo cuarto es el desempeño puntual de algunos ministros. Desde declaraciones confrontacionales absurdas (ministro de Justicia y ministro de Trabajo) hasta ignorancia en asuntos en los que no se tiene competencia (ministro de Defensa), pasando por pantomimas (un plan de Educación que se “presenta” y nadie ha leído). Añadan la ignorancia total en la materia, como el caso del ministro de Salud o un peligroso y poco profesional manejo de relaciones exteriores. Podría seguir. No hay día que el gabinete no nos proporcione asombro, cuando no indignación. La sensación que dan es la de un grupo sin organización, donde cada uno no puede manejar ni lo suyo.

Finalmente, está la propia Keiko Fujimori. Durante los últimos 15 años siempre ha dosificado su presencia mediática. Controlar el contenido de cada tuit, cada video y cada discurso respondió a una sola meta: lograr la presidencia. Ahora, que ya está ahí, no hay contenido espontáneo propio y no hay escape posible. Está, todos los días, frente al país. Su primera entrevista reflejó intereses vinculados más a pseudociencia de influencer que a políticas de Estado. Sus intervenciones domingueras resucitaron una antigua línea de comunicación que iba de “quiero ser tu amiga y confidente” y terminaron siendo un pastiche de frivolidad. No le ha hecho bien la aparición de sus “amigos” que a su vez son “amigos” de un personaje como Cerimedo. Siendo estas amistades sus asesores en comunicación, ya se ve cuáles son los resultados. Lo mejor que ha hecho en estos días es desaparecer la figurita de Keiko influencer y su unboxing de regalos.

Keiko Fujimori necesita ser espontánea, pero luce desorientada. Cada vez que da una declaración tiene un ministro de mirada sombría parado al lado, como si temiera algo. Todos los miedos sobre un gobierno autoritario se han disipado ante tal exhibición. Keiko ya no da temor. En estas circunstancias necesita demostrar que tiene dominio de algunos temas y mando sobre el gabinete. Su mudez en los Consejos de ministros es una señal aterradora. ¿En serio no tiene nada que decir? No le queda más que evaluar y corregir. Si no lo hace su destino se lo puede contar Dina Boluarte.

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