Bandas pufi: ¿de dónde era el cantante?, por Mirko Lauer

Este caso podría explicar los múltiples atentados contra músicos, tras un preocupante patrón de violencia y el peligro de la corrupción en el ámbito del transporte y la seguridad.

Mirko Lauer
Mirko Lauer

La captura de un cantante dedicado a intermediar los crímenes de la banda “Los Malditos del Sur” muestra que hay hampones de los dos lados del mostrador. Si hay tantos conjuntos musicales víctimas de atentados y cobro de cupos, quizás es porque allí dentro está una parte del problema. Esa farándula está lista para una auditoría.

No estamos haciendo una acusación genérica, pero sí tratando de hacer notar lo dinámico y recursero que es el modelo de negocios del crimen organizado. Las enseñanzas del ingenioso narcotráfico internacional están presentes en las sombrías extorsiones que abruman a nuestros comerciantes. Algo que comienza por la infiltración en la política.

El cantante de marras organizaba las cobranzas desde su trabajo en el escenario, movía el dinero de la banda mediante sucesivos intermediarios bancarios, mantenía el contacto con el jefe de la banda, que todavía vive muy cómodo en España. Era, pues, el hombre orquesta de los delincuentes. ¿Existen casos parecidos en el gremio del transporte?

Quizás el caso de los Malditos del Sur ayude a entender los ya numerosos casos de atentados contra músicos de algunos otros conjuntos. Serían personas que se han negado a traicionar a sus colegas, sus empleadores o su público. Son un blanco perfecto para los psicópatas de las bandas criminales.

Al comienzo hemos dicho “hampones de los dos lados del mostrador”. Quizás hemos debido decir tres, pues la corrupción policial es un evidente protagonista del desborde criminal que se está viviendo. En la reciente masacre están vinculados a la policía los uniformes usados para el atraco, las camionetas y varios personajes.

Si los asaltantes se disfrazan de policías, entonces no tiene tanto sentido que las unidades de transporte sean blindadas, como proponen algunos. Pues los criminales están cada día más infiltrados dentro de los propios negocios. Los libros de contabilidad van camino de volverse secretos, bajo pena de muerte.

El sujeto que servía a una banda criminal desde su conjunto musical le debe al público una explicación de cómo llegó a esa condición de traidor. ¿Fue presionado y cedió por miedo? ¿Fue un simple caso de ambición económica? ¿Le gustó más cobrar cupos que pagarlos? En cualquier caso, es un episodio lamentable. ¿Irá preso? ¿Saldrá libre? ¿Lo asesinarán para taparle la boca?

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