
No es posible hablar de educación sin bienestar. Lo que ocurre con las niñas y adolescentes awajún y wampis en Condorcanqui grafica el divorcio entre un sistema educativo que ignora el bienestar y una epidemia de violencia sexual con graves consecuencias para la infancia. La violencia tiene rostro de mujer adolescente, pues el 53% de la violencia sexual ocurre entre personas de 12 a 17 años.
Las políticas públicas no han resuelto problemas estructurales, como los modelos de servicios educativos desconectados del territorio y sistemas de protección fallidos que excluyen a las organizaciones indígenas. No basta con que el Estado llegue; debe organizarse en diálogo con la comunidad, cuyo conocimiento debe ser el punto de partida. Educación, bienestar y territorio no pueden ir por cuerdas separadas.
Los servicios educativos actuales se han diseñado a más de 1.000 km de distancia, sin una planificación territorial que garantice formación docente inicial en awajún y wampis, acompañamiento docente, infraestructura pertinente y una propuesta pedagógica amazónica vinculada al desarrollo territorial.
El desafío para Condorcanqui, en particular, y para la Amazonía, en general, es repensar este diseño con el protagonismo de las organizaciones indígenas, estudiantes y comunidades. La escuela no puede reducirse al aula; la comunidad debe ser un espacio de aprendizaje seguro, donde las artes, la ciencia, la literatura y la tecnología tengan lugar. Esto exige una Educación Intercultural Bilingüe fortalecida con estrategias de protección, salud y justicia territorial, junto con docentes formados y debidamente valorados.
Condorcanqui exige otra educación: una basada en la riqueza territorial que permita a su niñez, adolescencia y juventud adquirir aprendizajes para desarrollar sus proyectos de vida libres de violencia. Ese es el gran desafío.
*Este martes teje Patricia Correa Arangoitia, educadora y exministra de Educación

El 97% de los encuestados considera a Keiko Fujimori la figura más poderosa, mientras el miedo por la inseguridad continúa afectando la vida cotidiana.

Es imperativo derogar la ley del silencio electoral, ya que su vigencia perjudica la democracia y las decisiones de los votantes en un contexto de información limitada.

Keiko Fujimori, en su discurso ante la ONU, defendió a quienes cometieron crímenes bajo el pretexto de la lucha antiterrorista, descalificando la labor de justicia.

Preocupa el debilitamiento de políticas que abordan estas problemáticas.

Los discursos sobre la infancia a menudo ignoran la realidad de niñas y adolescentes, quienes enfrentan violencia y desigualdades severas.