
*Hoy teje: Pierina Oliva Perla. Abogada, empresaria y política.
Representar no es repetir lo que piensa nuestra propia tribu. Sin embargo, con frecuencia esperamos eso: que nuestros representantes confirmen nuestros sesgos, que no cedan, que no se sienten con quienes rechazamos. Y cuando lo hacen, nos puede incomodar incluso que se sienten a conversar.
La democracia vive de una tensión. Durante la campaña, los candidatos compiten para ganar. Terminada la elección, unos deben gobernar y otros ejercer la oposición. Daniel Innerarity advierte sobre el peligro de prolongar la lógica electoral: gobernar exige una cooperación que la campaña electoral permanente dificulta.
También la oposición debe cambiar de escenario. Saber perder es parte de la democracia y del camino para volver a ganar. Perder no obliga a abandonar convicciones, sino a asumir un papel distinto. Una oposición puede —y a veces debe— ser durísima frente a abusos de poder, retrocesos institucionales o vulneraciones de derechos. La cuestión es no confundir firmeza con incapacidad para reconocer la legitimidad democrática del adversario.
Eso exige distinguir al rival del enemigo. Podemos discrepar de quienes gobiernan y querer que pierdan la próxima elección. Pero, mientras respeten las reglas democráticas, corresponde reconocer su derecho a gobernar. A la oposición le corresponde dialogar y construir acuerdos cuando lo exija el interés común.
Hace más de dos mil años, Aristóteles vinculaba la vida política con nuestra capacidad de discernir lo justo y lo conveniente. No todo acuerdo es conveniente ni toda concesión es justa: importa qué se cede, qué se obtiene y qué principios son irrenunciables.
Como ciudadanos, debemos entender que saber perder no es resignarse ante el poder. Es reconocer el derecho del otro a gobernar hoy, mientras preservamos nuestro derecho a disputarle democráticamente el poder mañana.

El problema es de género y de derechos reproductivos, pero también debemos preguntarnos quiénes pueden proteger mejor su privacidad, acceder a asesoría o enfrentar a quienes tienen poder. La posición social también cuenta.

Las políticas educativas actuales ignoran el bienestar y las necesidades locales, dificultando el desarrollo de una propuesta pedagógica que respete la diversidad cultural y territorial en la región.

Hoy se rinde homenaje a las defensoras de los derechos humanos en un jardín cercano al Ojo que Llora, recordando su lucha y legado durante la violencia política en el país.

"Como ciudadanos, debemos entender que saber perder no es resignarse ante el poder. Es reconocer el derecho del otro a gobernar hoy, mientras preservamos nuestro derecho a disputarle democráticamente el poder mañana".

El poder usado para protegerse de la sanción por los delitos cometidos acaba así convirtiéndose en escudo frente a la justicia.