Politólogo ejerciendo periodismo, con especialidad en política comparada y periodismo de soluciones. Miembro del Comité Periodístico Central de La República....
Bill Gates encendió las alarmas sobre el futuro de la inteligencia artificial. En un extenso ensayo publicado en su sitio personal, el cofundador de Microsoft advirtió que la transición hacia la era de la IA será "uno de los periodos más turbulentos de la historia humana" y que el mundo no se está preparando adecuadamente para enfrentarla. El texto, de casi 6,000 palabras, resume la visión que días antes había compartido en una entrevista de una hora con The New York Times, recogida por la periodista Karen Weise.
Gates sostiene que la disyuntiva es total: la inteligencia artificial puede convertirse en la fuerza más igualadora jamás creada, o en la peor fuente de injusticia social, dependiendo de las decisiones que gobiernos y empresas tomen ahora. A su juicio, resolver ese dilema debería ser la prioridad número uno del planeta.
En la entrevista con el NYT, Gates afirmó que dentro del sector tecnológico existe plena conciencia de la magnitud de estos riesgos, pero prevalece el silencio por razones comerciales: quienes entienden el potencial real de la tecnología estarían genuinamente preocupados, aunque prefieren no decirlo en público para no poner en riesgo las inversiones millonarias que buscan captar. Fue especialmente crítico con la idea de dejar que la propia industria se autorregule frente a los riesgos más extremos, calificándola como insuficiente.
Explicó que decidió hablar ahora porque los avances recientes de la IA superaron ampliamente sus expectativas, y porque la industria ha ido dejando atrás, sin mayor cautela, umbrales que antes se consideraban señales de alarma —como sistemas que escapan al control de sus creadores o que podrían facilitar el diseño de armas biológicas.

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El empresario de 70 años llega a este momento tras un período complicado en materia de reputación. La difusión de correos del fallecido Jeffrey Epstein reavivó este año el escrutinio sobre sus vínculos con él, lo que lo obligó a retirarse de una conferencia sobre IA en febrero y a testificar durante seis horas ante un comité de la Cámara de Representantes en junio. A ello se suman las revelaciones sobre infidelidades y su divorcio de 2021, episodios que Gates reconoció como errores propios.
Pese a ese historial —y a los antecedentes de Microsoft, sancionada en 2000 por abuso de posición monopólica durante su gestión—, Gates defendió que está en una posición particular para abordar el tema de la IA: ya no depende de los incentivos de dirigir una empresa y lleva décadas trabajando en temas de desigualdad a través de su fundación filantrópica.
Gates relató que solo en tres ocasiones un avance tecnológico lo dejó verdaderamente sorprendido: la interfaz gráfica que vio en 1980, la demostración que los fundadores de OpenAI le hicieron en su casa en 2022 —antesala de ChatGPT— y, este año, las capacidades de Claude Code, la herramienta de programación de Anthropic. Como la programación es el terreno que mejor conoce, dijo sentirse desconcertado al comprobar que esta herramienta ya lo supera en ese campo.
A diferencia de otras revoluciones tecnológicas, que históricamente generaron más empleos de los que destruyeron, Gates considera que la era de la IA será distinta porque la tecnología se expandirá simultáneamente por toda la economía, sin dejar espacio para que un sector absorba a los trabajadores desplazados de otro. En su ensayo compara el momento con el desempleo masivo de la Gran Depresión, aunque advierte que, a diferencia de aquella crisis, este golpe al empleo no se revertirá con un simple ciclo económico.

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En su ensayo, Gates organiza sus advertencias en tres grandes riesgos. El primero es la desaparición permanente de empleos, sobre todo de nivel inicial e intermedio, tanto de oficina como manuales, a medida que la robótica abarate su costo. El segundo es el empoderamiento de actores maliciosos: sostiene que la IA facilitará ciberataques contra hospitales, bancos y sistemas de agua y energía, y que unas pocas personas con acceso a herramientas avanzadas podrían diseñar nuevos patógenos con fines de bioterrorismo. El tercero es el impacto psicosocial en la infancia: le preocupa que los compañeros de IA, al no exigir esfuerzo social ni generar fricción, terminen debilitando el desarrollo emocional de los más jóvenes y erosionando el pensamiento crítico.
Gates dedica buena parte del texto a matizar su propio pesimismo. Menciona avances concretos que ya está impulsando junto a su fundación en salud —como herramientas de diagnóstico usadas en cerca de 2,000 hospitales estadounidenses— y en agricultura para pequeños productores de países de bajos ingresos, a quienes la IA podría dar acceso a mejores pronósticos climáticos y recomendaciones de cultivo que hoy solo tienen los agricultores más ricos.
Entre sus propuestas concretas figura un impuesto al uso de IA —lo que llamó un "token tax"—, orientado a encarecer el reemplazo de trabajadores frente a la contratación humana y a financiar apoyo para quienes pierdan sus empleos. También planteó blindar ciertos puestos frente a la automatización bajo el concepto de "Human Reserved" ("reservado para humanos"), inspirado, según contó, en el cuidado que recibió su padre —fallecido de Alzheimer en 2020— por parte de cuidadores humanos insustituibles.
A esto suma un llamado a construir, con carácter urgente, un marco institucional nuevo —nacional e internacional— para gestionar la transición, comparable en escala a la reorganización de la seguridad nacional de Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre.
La entrevista con el NYT señala que varias de las preocupaciones de Gates coinciden con las que ha planteado Dario Amodei, cofundador de Anthropic, cuyas advertencias lo han puesto en tensión con el Pentágono, la Casa Blanca y buena parte de la industria tecnológica. Gates lamentó que quienes son más transparentes sobre los riesgos terminen siendo blanco de críticas.
Al cierre de su ensayo, Gates resume la magnitud del desafío señalando que una tecnología sin precedentes como esta exige, en sus palabras, una respuesta global igualmente inédita.

Politólogo ejerciendo periodismo, con especialidad en política comparada y periodismo de soluciones. Miembro del Comité Periodístico Central de La República. Director y Editor General de Perú Legal, portal digital que busca cerrar brechas de información legal en la ciudadanía de a pie. Editor y Redactor en las secciones de Política, Mundo y Judiciales en La República. Investigador en Digital Politics. Predocente universitario en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Esforzado cotidiano por discutir asuntos complejos, buscar interpretarlos orientando a las soluciones y tomar decisiones basado en la evidencia sobre cualquier ideología.