
Recientemente, Andrés Oppenheimer ha señalado que el avance del socialismo democrático en las primarias del Partido Demócrata en EE.UU. favorece las posibilidades del Partido Republicano en las elecciones legislativas de noviembre. Desde su punto de vista, el extremismo de izquierda, en un país donde llamar a otro socialista constituye un insulto, solo favorece a la extrema derecha hoy liderada por Donald Trump. Parece lógico lo que señala, pero el problema es más complejo. Hace unos años hubiera sido imposible creer que alguien como Trump, con un discurso claramente racista, misógino, xenófobo y crítico del libre mercado, pudiera ganar una elección.
La evolución de la centroizquierda hacia el neoliberalismo en la década del noventa, la llamada “tercera vía”, tuvo consecuencias terribles para los partidos socialdemócratas, progresistas y afines. Perdieron identidad y dejaron de diferenciarse de la centroderecha. En Europa y América Latina fueron absorbidos por el sistema, desapareciendo del mapa político. Incluso en EE.UU. resulta increíble creer que Estados tradicionalmente obreros del gran cinturón industrial voten por Donald Trump. ¿En qué momento el Partido Demócrata se olvidó de los trabajadores? El discurso anticapitalista y antiglobalización parece funcionar con Trump, pero no funciona en la izquierda, ¿eso es lo que nos quieren decir?
Ello ha generado una respuesta desde la izquierda, llevándolos a levantar aquellas banderas que la caracterizaron por mucho tiempo. Algunas veces pueden radicalizar su discurso, pero saben negociar y moderar su narrativa en aras de incorporar a otros grupos sociales. En Perú vimos cómo Pedro Castillo y, en su momento, Ollanta Humala, pudieron derrotar a la derecha. Pasó lo mismo con Gabriel Boric en Chile y Gustavo Petro en Colombia.
También es cierto que el mundo tiende hacia mayores niveles de fragmentación política. Una elección siempre genera diferencias que expresan cierta fractura, pero lo que estamos viendo en los últimos tiempos es cómo los extremos comienzan a ganar el espacio político que el centro comienza a dejar. EE.UU. no parece ser la excepción. En ese sentido, el enfrentamiento de los sectores más radicales de los dos partidos tradicionales puede generar un nuevo escenario en el aburrido bipartidismo estadounidense que transforme las dinámicas políticas que hoy conocemos.
Pero, ¿Trump tiene asegurada la victoria? Estoy seguro de que en 2021 la derecha peruana celebró tener a un candidato como Pedro Castillo y el resultado ya lo conocemos. Más aún, en un país que tiende al equilibrio político, nada asegura la victoria del Partido Republicano, menos uno dominado por el trumpismo.

"En otras palabras, nos propone, pero también nos amenaza, con intervenir militarmente en nuestros países"

Las empresas transnacionales lideran la dinámica económica global, desplazando a los Estados en poder e influencia. Este cambio plantea interrogantes sobre su independencia.

"Su prioridad no estaba en defender la democracia o los derechos humanos en el país caribeño, sino en evitar que China acceda a un importante recurso energético"

"Una elección siempre genera diferencias que expresan cierta fractura, pero lo que estamos viendo en los últimos tiempos es cómo los extremos comienzan a ganar el espacio político que el centro comienza a dejar"

"Mientras la izquierda siga en el poder en México y Brasil, no se puede hablar de un giro a la derecha, más aún cuando es muy probable que en pocos años el péndulo latinoamericano traiga de regreso a gobiernos de izquierda en la región"