Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.

La mejor inversión en un niño empieza mucho antes del primer examen , por Lady Justo

La educación inicial es el momento en que comienzan a construirse muchas de las capacidades que permitirán a un niño aprender y empieza cuando le damos tiempo, oportunidades y confianza para descubrir quién es y todo lo que puede llegar a ser.

*La autora es coordinadora nacional de educación inicial de Innova Schools.

 ¿Qué regalo vamos a comprar?  O ¿qué actividad vamos a preparar en el colegio? son las primeras preguntas que se hacen algunos padres de familia en el Día del Niño. Sin embargo, la fecha puede invitarnos a una reflexión más profunda: ¿qué hacemos para construir mejores oportunidades para nuestros niños en el futuro?

Con frecuencia, evaluamos una educación de calidad a través de los logros alcanzados en lectura, escritura, en la resolución de problemas matemáticos y en los resultados de los primeros exámenes. La educación parece hacerse visible con cuadernos llenos, tareas, calificaciones y avances tangibles.

Pero la educación empieza mucho antes de los exámenes y las calificaciones.

Reconocer el valor de la primera infancia y entender que la educación inicial no es solo una etapa de preparación previa al aprendizaje verdadero de la primaria es un gran desafío aún hoy.

Según UNICEF, durante los primeros años de vida se forman más de un millón de conexiones neuronales por segundo, un ritmo que no vuelve a repetirse en ningún otro momento de la vida. Y es en esta etapa que los aprendizajes no siempre son los más notorios.

Un niño que aprende a expresar su molestia, regular sus emociones, construir ideas propias y comunicarlas; cuando juega con propósito, negocia, se equivoca y vuelve a intentarlo está desarrollando habilidades fundamentales para su desarrollo educativo.

Es precisamente mediante estas experiencias, muchas veces vinculadas al juego, que se construyen algunos de los aprendizajes más importantes de la educación inicial. Sin embargo, tradicionalmente se mantiene la idea de que en un aula de educación “no ocurre nada importante”, porque lo que sucede no se traduce siempre en una tarea, una nota o una hoja de evaluación.  Por ello, es fundamental entender el propósito pedagógico del juego y que existen procesos que permiten desarrollar el lenguaje, el pensamiento, el vocabulario, la capacidad de relacionarse y la regulación de emociones. Son habilidades que sostendrán los aprendizajes futuros pero que no aparecen en una libreta de notas.

Nos hemos acostumbrado a valorar lo que podemos medir fácilmente. Pero ¿cómo calificamos la capacidad de un niño para reconocer su frustración? ¿Dónde anotamos que aprendió a esperar, a escuchar a otro o a volver a intentar algo después de equivocarse?

Por eso, invertir en educación inicial debe entenderse en toda su dimensión. No se trata únicamente de destinar recursos, aunque es fundamental contar con presupuestos idóneos y servicios de calidad. Significa, además, comprender que las oportunidades que un niño recibe durante sus primeros años marcarán la diferencia a lo largo de su trayectoria.

Como señala la experiencia educativa, cuando estas bases no se han desarrollado adecuadamente, aparecen dificultades para concentrarse, completar tareas o actuar con autonomía frente a los desafíos del aprendizaje. En ese sentido, invertir temprano no solo es una decisión educativa: es una apuesta por el futuro.

Estudios de largo plazo sobre programas de educación temprana de calidad han encontrado efectos que se extienden hasta la adultez, incluyendo mayores niveles educativos, mejores resultados laborales y mayores ingresos, especialmente entre poblaciones en situación de vulnerabilidad.

Como podemos ver, durante mucho tiempo hemos medido el valor de la educación preguntándonos qué sabe hacer un niño: si ya lee, si ya escribe o si obtiene buenos resultados. Pero antes de todo eso hay preguntas igual de importantes: ¿puede expresar lo que siente? ¿Puede relacionarse con otros? ¿Se atreve a probar? ¿Tiene curiosidad? ¿Ha aprendido que equivocarse no significa fracasar?

El problema de esta visión es que buscamos los resultados antes de mirar las bases.

La educación inicial es el momento en que comienzan a construirse muchas de las capacidades que permitirán a un niño aprender y empieza cuando le damos tiempo, oportunidades y confianza para descubrir quién es y todo lo que puede llegar a ser.

 

Columnista invitado

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