René Gastelumendi. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.
El fujimorismo ha construido su identidad política bajo el libreto del anticomunismo y el miedo al socialismo destructor de la caja fiscal. Sin embargo, los recientes votos en el Parlamento desarman este relato. El próximo 28 de julio, Keiko Fujimori jurará como presidenta reivindicando la Constitución de 1993, presentada siempre como el Santo Grial de nuestra estabilidad gracias a sus candados económicos. El guion oficial dirá que el modelo está a salvo. La realidad, matemática y dura, indica que el cofre está semivacío y quienes terminaron de abrir el candado visten su mismo color político.
Vivimos una auténtica hemiplejia institucional. Mientras Julio Velarde defiende la frontera monetaria desde el BCR con la seriedad de siempre, el Congreso se ha dedicado a fundar una doctrina fáctica que bien podríamos bautizar como fujisocialismo: una alianza donde Fuerza Popular, con el voto militante de su bancada, perforó la caja fiscal por la espalda de la mano de sus supuestos enemigos ideológicos, sacándole la vuelta al artículo 79, que prohíbe al Parlamento tener iniciativa de gasto.
Las alertas del Consejo Fiscal son escalofriantes: entre planillas permanentes por insistencia y el desmantelamiento del ahorro privado, este Legislativo le ha infligido un golpe de decenas de miles de millones de soles a la estabilidad financiera, empujándonos al mayor déficit fiscal en un cuarto de siglo.
La contradicción tiene nombres en las actas. Fue este bloque el que articuló la Ley 32561 para la nivelación de pensiones militar-policial, inyectando una presión irreversible de 11.400 millones de soles anuales. Fue el fujimorismo el que avaló la Ley 32387, que modificó el Foncomun para atomizar el presupuesto en alcaldías aliadas, y el que promovió beneficios tributarios ciegos como la rebaja del IGV Justo a restaurantes; un fiasco donde el 76% del sacrificio fiscal benefició exclusivamente al 20% de las empresas más grandes.
La joya de la corona de este mercantilismo es la agroexportación, sector al que le devolvieron privilegios reduciendo el Impuesto a la Renta al 15%. Y el golpe de gracia llegó en educación: en un pacto para asegurar la Mesa Directiva, Fuerza Popular unió sus votos con la izquierda y el Bloque Magisterial para desmantelar la meritocracia, ordenando el nombramiento automático de docentes jalados y reincorporando a 14.000 cesados. ¿La factura? Más de 5.000 millones de soles anuales en gasto corriente.
Para financiar esta farra y pagar favores políticos, se recortaron 7.600 millones de soles destinados a la inversión pública. El ciudadano de a pie sufrirá este infarto al desarrollo cuando vaya a un hospital público y, como siempre, no le den medicinas o citas. Las comisarías seguirán con patrulleros sin gasolina y seguirán colapsando los desagües por falta de saneamiento. Los colegios se seguirán cayendo. Lo más preocupante: ante la inminencia de los letales efectos del Fenómeno del Niño, la demagogia de las curules desvistió el presupuesto de prevención climática; cuando los ríos se desborden por falta de prevención, la culpa no será de la naturaleza, sino de los votos.
La gran ironía histórica está consumada. Keiko Fujimori llega a Palacio con una economía asfixiada por la voracidad de su propia bancada. A partir del 29 de julio, tendrá que elegir entre ser el dique de contención que frene a este fujisocialismo parlamentario o terminar de quebrar el modelo que su propio padre fundó.

René Gastelumendi. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.