Crónica anunciada de nuestra desgracia nacional: 6 escenarios, por Rudecindo Vega

"Nuestro pozo, como ningún otro, tiene estaciones de caída; no hay fondo a la vista, siempre podemos caer más, salvo que la conciencia ciudadana y patria decida salir de todas nuestras caídas y volver a construir un mejor Perú. En nosotros está"

Insisto, nuestros próximos 5 años pueden ser iguales o peores que los últimos 10. Nuestra desgracia nacional, cualquiera sea el gobierno, empeorará, se agudizará. Keiko o Sánchez no son garantía de mejora; sí, la seguridad del incremento de una polarización sin fin donde no gana ninguno, pierden el Perú y los peruanos. Más que polos opuestos, son bandos que no dialogan, no se escuchan ni entienden, salvo en situaciones donde satisfacen sus granjerías e intereses particulares similares que, siempre, van en perjuicio del país. Hay varios escenarios y desenlaces; nuestra desgracia nacional es que ninguno parece convenir al Perú.

Escenario 1. Roberto Sánchez presidente.
Es la primera opción; todo el que enfrenta a Keiko en segunda vuelta es favorito. Esta vez, por él y sus circunstancias, es también su probable primer derrotado. Llegaría a la presidencia con apenas 8% del electorado de la primera vuelta; es ilegitimidad de origen. Un plan de gobierno genérico, poco concreto, y un equipo que espanta más que tranquiliza. El “antaurismo” y el “castillismo”, sus reales motivos del triunfo, jugarán, a su pesar o felicidad, un rol clave en el gobierno; serán su fuerza de choque y colchón social. Esta vez, aprendidos y experimentados, no se dejarán “robar” el gobierno por asedios congresales o torpezas propias. Tiene poco margen para reenfocar su oferta electoral en la segunda vuelta; una hoja de ruta al estilo Humala, que sería lo mejor, parece ficción. La “estrechez” de su equipo técnico es otro obstáculo. Para sobrevivir en el gobierno solo le queda pactar; ello provocará cismas internos que lo harían inviable, a expensas de la voracidad de los perdedores que desde el Congreso querrán vacarlo y asaltar el gobierno otra vez. Su debilidad gubernamental será su marca de sobrevivencia y duración. Quizás no dure mucho, ni él ni sus vices, hasta que el nuevo pacto congresal lo aguante.

Escenario 2. Keiko Fujimori presidenta.
Es la primera vez que podría llegar a serlo, no por mérito propio, sino por deméritos de su adversario. Hay un importante sector del antifujimorismo que duda de Sánchez y su entorno. Keiko, con su bancada propia en el Senado, a diferencia de su opositor, no será vacada. Tendría mayor estabilidad gubernamental, pero, por enfoque y tradición, su seguro gobierno autoritario, mercantilista, corrupto y aliado del crimen despertará y extenderá el antifujimorismo nacional, asegurándonos un periodo de enfrentamiento e ingobernabilidad. Su cercanía con los grupos de poder económico, militar y políticos “de derecha” augura más gobernabilidad autoritaria. Me ratifico: con Keiko estamos más cerca de un autogolpe al estilo 5 de abril del 92 que ante una vacancia presidencial; de un gobierno dictatorial al peor estilo de su padre que de una salida democrática. El keikismo es el empeoramiento del fujimorismo; un gobierno de Keiko sería peor que la dictadura de Fujimori. Es un escenario de espanto.

Escenario 3. Gobierno congresal estancado.
Dada la deformación constitucional de los últimos años, en beneficio del Congreso y perjuicio del presidencialismo, el Congreso seguirá gobernando como un parlamentarismo de facto. Aun cuando el nuevo Congreso tendría, “en condicional”, bancadas democráticas que “podrían” poner límites y empatar cualquier decisión inconstitucional o desproporcional de las bancadas mayoritarias o del gobierno de turno, no habría cambios sustantivos para mejoras, solo empantanamiento, estancamiento del desgraciamiento nacional. El empate congresal podría dar margen para recuperar la figura presidencial como mera ilusión. Un gobierno de esas características rápidamente parecerá más de lo mismo, muy cuestionado, deslegitimado, con ansias de ser cambiado.

Escenario 4. Gobierno congresal de un pacto mafioso renovado.
El nuevo Congreso se rearticula gubernamentalmente en torno al actual pacto mafioso reelecto, recluta congresistas de otras bancadas para convertirse en un pacto mafioso renovado y gobierna en forma similar al actual. Es la continuidad del empeoramiento de nuestra desgracia nacional. Nada bueno se puede esperar, solo agudización de nuestra desgracia, enseñoreamiento del crimen y las economías criminales, desinstitucionalización del Estado de derecho, destrucción de la democracia, permanente violación de los derechos humanos, estancamiento económico, anomia y crisis moral. Cinco años más de presidentes inútiles, acechados, doblegados, vacados, suplantados, transitorios y futuros residentes del penal presidencial de Barbadillo.

Escenario 5. Salida democrática con adelanto de elecciones presidenciales.
La legalidad cuestionada del presidente electo y su escasa representatividad del electorado nacional (Sánchez 8% y Keiko 12%) provocarán una ilegitimidad de origen que, sin concertación y diálogo —que ninguno plantea—, difícilmente generará condiciones de gobernabilidad. La confrontación y polarización permanentes provocarían un ajuste político que permita nuevas elecciones presidenciales con el mismo Congreso vigente, para completar el periodo gubernamental. Nuevo presidente con el mismo Congreso, para hacer algo más viable la salida política, permitiría ajustar algunas normas político-electorales para una mejor participación ciudadana y de los partidos en el país. Podría darnos un presidente más legítimo y, ojalá, con mejores atributos que pueda concertar con el Congreso la recuperación institucional y democrática que tanto necesitamos. Aun cuando podría ocurrir también más enfrentamiento, en condiciones diferentes con el Congreso vigente.

Escenario 6. Salida democrática con adelanto de elecciones presidenciales y congresales.
La legalidad cuestionada del presidente y Congreso electos, su escasa representatividad e ilegitimidad de nacimiento agudizan la crisis gubernamental, la confrontación social y la polarización política que provocan ingobernabilidad y la necesidad de una nueva salida política con transición democrática al estilo 2000, con renuncia y/o vacancia del presidente y vicepresidentes, recorte del mandato presidencial y congresal, elección de un gobierno parlamentario de transición, ajuste de normas político-electorales y convocatoria a nuevas elecciones presidenciales y congresales. El año 2000, todo esto ocurrió un 22 de noviembre, a menos de cuatro meses del tercer gobierno de Alberto Fujimori. Hay antecedente y experiencia que podemos transitar con mejoras para nuestro futuro. Es lo mejor que podría pasarnos; solo requerimos algo que es notoria falta de nuestros líderes políticos: voluntad política, capacidad de renuncia, visión de país y amor patrio.

Nuestro abismo nacional no tiene fin. Cualquiera sea nuestro futuro escenario, repetirá conflictos, contradicciones, polarización, desgobierno e ingobernabilidad ya vividos. Nuestro pozo, como ningún otro, tiene estaciones de caída; no hay fondo a la vista, siempre podemos caer más, salvo que la conciencia ciudadana y patria decida salir de todas nuestras caídas y volver a construir un mejor Perú. En nosotros está.