Desconfianza e ineficiencia del sistema electoral, por Rudecindo Vega Carreazo

El JNE debe invitar, desde ahora, misiones de observación electoral internacional; debe ejercer su autoridad que la Constitución manda. 

Los organismos del sistema electoral: JNE, ONPE y RENIEC parecen entusiasmados en demostrar su ineficiencia o eficiencia sometida a quienes los controlan desde el gobierno congresal. Compiten en enturbiar más el irregular proceso electoral. Manosean la competencia de partidos y candidatos; favorecen a quienes aprobaron la legislación y su designación, y perjudican a quienes cuestionan la parlamentocracia mafiosa que padecemos. Si las elecciones tenían la cancha inclinada en favor de la reelección y continuidad gubernamental, por las normas aprobadas en el Congreso y la designación de las autoridades electorales y judiciales, hoy esa cancha está más inclinada por acción de esos organismos encargados de organizar y fiscalizar las elecciones e impartir justicia electoral.

La desconfianza en los organismos electorales es un hecho consumado para la ciudadanía. Hoy ellos mismos anuncian y denuncian sus ineficiencias, parcializaciones y contradicciones. Resalto algunos ejemplos: el errático comportamiento de los JEEs al aplicar los procedimientos del JNE para inscribir listas de candidatos; la resolución del JNE desautorizando a la ONPE la aplicación del voto digital; la incapacidad de la ONPE para asesorar pequeñas asambleas de delegados partidarias para elegir candidatos; la desautorización del pleno del JNE a su presidente en la inscripción de partidos con expediente en trámite; la denuncia pública de la jefa del RENIEC, una bomba al JNE, por falsificación de firmas para la inscripción de partidos políticos. Es un sistema construido para desconfiar: “descoordinan” entre ellos, las ineficiencias de cada uno multiplican las falencias de todo el sistema y explosionan la confianza de electores, candidatos y partidos. En un sistema y proceso irregular, toda irregularidad sabe a normal; el fraude del proceso, con cancha electoral inclinada, regulariza hasta un adulterado conteo de votos. El sistema electoral está cómodo, administrando y organizando un indebido proceso electoral.

El Partido Primero la Gente, con su candidata Marisol Pérez Tello, ha denunciado que el JEE encargado de su inscripción los está excluyendo del proceso, declarando improcedentes sus candidaturas, vulnerando el procedimiento aprobado por el JNE, avalando deficiencias de su plataforma DECLARA+, evadiendo las fallas de su proveedor de firmas digitales y desautorizando las diligencias de sus propios funcionarios. La resolución del JEE es una colección de barbaridades que el JNE debe enmendar a la brevedad. La resolución evidencia fallas de su procedimiento y plataforma más que incumplimiento de requisitos por los partidos. El JEE no puede eludir normas emitidas por el JNE, menos si los partidos las cumplen en los plazos autorizados; no puede validar una plataforma técnica cuyas repetidas fallas ellos mismos monitorean; tampoco puede “lavarse las manos” tirando la responsabilidad a su proveedor de firmas digitales que el JNE, no los partidos, contrata y supervisa; menos aún, luego de horas de no resolver las fallas de sus sistemas, puede desconocer que sus técnicos autorizaron la presentación física de los expedientes. El JNE debe enmendar a sus JEE que han procedido irregularmente y atender a todos los partidos perjudicados por sus desafortunadas resoluciones.

Hace diez días, el JNE desautorizó a la ONPE a aplicar el voto digital por deficiencias técnicas y falta de tiempo para resolverlas. La ONPE viene trabajando ese voto hace años, unas veces dejado de lado por ella misma; ahora fue desautorizada por el JNE. La descoordinación e incapacidad técnica de los organismos electorales nos niegan el acceso y uso tecnológico para votar digitalmente en el Perú. Hace décadas se discute y se contratan repetidas consultorías para su implementación. Vergonzoso que estemos tan atrasados, perjudicando a electores, candidatos, partidos y autoridades electorales por las incapacidades e ineficiencias del sistema electoral. Es grave que el JNE, con plataformas técnicas ineficientes para inscribir listas de candidatos, tenga capacidad superlativa para desautorizar el voto digital.

Hace tres semanas, durante las elecciones primarias, la actuación de la ONPE fue patética: no pudo asesorar ni organizar pequeñas asambleas de delegados partidarias. La imagen dada con Acción Popular, donde validó un fraude que el JNE anuló y excluyó a AP del proceso electoral, es escandalosa. El caso de Salvemos al Perú, donde el ganador se definió por sorteo con moneda, convierte su ineficiencia en burla grotesca. Hay otras denuncias en otros partidos, como muestra de inutilidad para organizar las elecciones más complejas de nuestra historia. Es cierto que los partidos definen su procedimiento electoral, como es cierto que la ONPE organizó y asesoró esas asambleas con ese procedimiento. Las primarias de AP apenas tuvieron 73 delegados y hubo fraude. Las de Salvemos al Perú contaron con 24 delegados, tienen denuncias de irregularidades y uno de los candidatos que llegó al sorteo denunció una reunión previa, en un hotel, entre el candidato ganador y un miembro del JNE.

Otro caso “sorprendente” fue la enmendada oficial del pleno del JNE a su presidente, quien había adelantado opinión, excluyendo a algunos partidos con expediente en trámite de inscripción para participar en las elecciones de abril; el pleno autorizó la inscripción y participación de algunos y, en otros, existen procesos en el Poder Judicial y Tribunal Constitucional (caso Unidad Popular). También está la escandalosa denuncia de la jefa del RENIEC sobre falsificación de firmas en varios partidos, que obligó al JNE a aprobar un procedimiento de fiscalización posterior y anunciar resultados en pocos días. Han pasado meses y el JNE nada ha dicho de la denuncia del RENIEC ni de su fiscalización posterior ni de los resultados de la misma. El silencio ilustra una bochornosa competencia para demostrar quién mejor se somete a quienes los controlan desde el mafioso gobierno congresal que va por su reelección y continuidad.

Faltan 100 días para las elecciones. Aspirar a eficiencia de nuestras autoridades electorales, recuperar confianza en ellas y esperar un debido proceso electoral es pura ilusión. Debemos exigir que permitan a los partidos competir dignamente. El JNE debe invitar, desde ahora, misiones de observación electoral internacional; debe ejercer su autoridad que la Constitución manda. Ojalá esté a la altura, por el Perú y los peruanos. Ojalá coordine el sistema electoral y, por fin, sea lo que es: el poder electoral que necesitamos.