Abogado, maestrando de Derecho Administrativo. Miembro del Consejo Consultivo de Perú Legal.
El autor suizo Joël Dicker ha escrito en 2025 una novela titulada 'La muy catastrófica visita al zoo', en la que un grupo de niños investiga la misteriosa inundación de su escuelita y, en el transcurso, se cuestionan conceptos complejos como la democracia, la tolerancia, la libertad de expresión y el titánico desafío de coexistir entre humanos, sobre todo cuando hay diversidad. Lo menciono con el afán no solo de recomendar su lectura, sino para reflexionar sobre la importancia de acercarnos este domingo a votar en las elecciones generales que nos convocan.
Dicker narra una interesante conversación entre el director y los niños, quienes le han preguntado cómo funciona la famosa "democracia". Este les explica que "solo funciona correctamente si todos los electores van a votar", pues de lo contrario, "si la gente no va a votar, no se hace oír, lo que significa que, en realidad, la decisión que se tome ya no representará a la mayoría sino a la minoría". Dejar que otros decidan por ti debilita los fundamentos del sistema. Luego les plantea un ejemplo: "vamos a votar la comida del mediodía. Tenéis que votar lo que vais a comer. Pero, ojo, todo el mundo tendrá que comer lo mismo. Vais a elegir entre brócoli y pizza. Y, ahora, preparados y cuidadito, porque solo podréis votar una vez cada uno: quien vote por la pizza que levante la mano". El director contó cuatro votos (Sofía, Otto, Thomas y Yoshi) y cuando llegó el turno del voto por el brócoli, esta opción obtuvo solamente dos (Giovanni y Artie) y triunfó la pizza como el almuerzo del día. Pero el director les planteó otro escenario: "imaginemos que volvemos a votar… pero Otto, Thomas y Yoshi se abstienen… porque se les olvida y no les interesa", solo Sofía votaría por la pizza y sería minoría frente a los dos votos fieles del brócoli: Giovanni y Artie, lo que genera el triunfo de la hortaliza. "Si los demás hubieran votado, habría ganado la pizza" protesta Sofía y el director le responde: "Tienes toda la razón… así podéis ver por qué la democracia se debilita cuando no se vota: la minoría impone su elección a la mayoría".
En un contexto de tal naturaleza dejar de votar es altamente ineficiente. En la práctica, esta lógica tiene consecuencias concretas: cuando un ciudadano renuncia a votar por un candidato u opción decente en primera vuelta —ya sea por apatía o por la falsa certeza de que "no tiene chance"— cede terreno valioso que luego será ocupado por las minorías cohesionadas que sí acuden a las urnas y que terminan por imponer a un gobernante que la mayoría, paradójicamente, nunca quiso.
A ello se le suma un problema legal que agrava el escenario: la prohibición de publicar encuestas durante la semana previa a los comicios, establecida en la Ley Orgánica de Elecciones, disposición obsoleta e inconstitucional, que debe derogarse cuanto antes. Su efecto práctico es privar al electorado de información veraz y actualizada sobre las tendencias reales sobre el comportamiento de encuestados lo que resulta especialmente grave en un país como el nuestro, con una arraigada tradición de decidir a último momento. Ello genera una enorme volatilidad en los apoyos a los candidatos durante la recta final ante supuestas variaciones en los primeros lugares.
Todo eso se torna explosivo en una democracia sin partidos, pues no hay mecanismos eficaces de diálogo y comunicación de preferencias, reunión y proselitismo orgánico. Quedan tan solo las redes sociales, su propensión al intercambio de información falsa y de tendencias fabricadas con granjas de bots pagados o, lo que es peor, de tontos espontáneos. Las tan mal organizadas jornadas de debate del Jurado Nacional de Elecciones han contribuido a distorsionar esta campaña. Ante falta de intercambios de ideas por un formato inadecuado y unos moderadores inexpertos, se consolidaron apoyos a quienes mejores clips nos dieron y se descartaron a aquellos que nos aburrieron con la seriedad característica del planteamiento de políticas públicas y las menciones a planes de gobierno potables. Ante el infortunio de la improvisación la anécdota pesó más. Mucha "cancioncita símbolo", pues, JNE. Ahí lo ven.
A pesar de ese contexto caótico, el Perú este domingo acudirá a las urnas y corresponde hacer énfasis en que la democracia no solo falla cuando los que pueden votar se abstienen, también se agrieta cuando viciamos la cédula o la dejamos en blanco creyendo que así protestamos frente al menú que no nos gustó (porque esta vez sí hay opciones decentes para cada cuadrante ideológico, desconocer esta realidad ya es infantil).
A ello se suma una variante particularmente nociva: el cinismo ilustrado, ese que repite que "todos son iguales" con aire de sagacidad, asumiéndose como "el/la diferente" sin notar que ese supuesto desencanto esnob constituye, en los hechos, el mejor aliado del statu quo y de las peores opciones disponibles del menú.
Este domingo no se trata de elegir al candidato perfecto, sino de impedir que la indiferencia de muchos termine siendo aprovechada por la determinación de algunos pocos. La democracia peruana lleva años comiendo brócoli sin haberlo votado, y la culpa no siempre es de quienes lo cocinan: muchas veces es de quienes no hicieron lo suficiente por impulsar su opción favorita.
Podemos quejarnos del menú, de los cocineros, del recetario y hasta del comedor entero. Pero si no levantamos la mano, otros lo harán por nosotros y nada nos asegura que sea por amor al brócoli. Pocas cosas atraviesan la historia política peruana con tanta constancia como la perversión de la representación: el voto entendido como transacción, el cargo público concebido no como servicio sino como recompensa y la lealtad electoral negociada con intereses subrepticios que se vuelve clientelismo.
Por último, la democracia es un sistema que preliminarmente garantiza la posibilidad de elegir representantes y, a mayor democracia, la habilidad del ciudadano de participar efectivamente en los asuntos públicos más allá del voto. Renunciar a esa primera posibilidad por desidia, cinismo o cálculo "estratégico" de twitteros que no toman sol, es la receta más segura para terminar, otra vez, comiendo un plato que nadie pidió. Brócoli para todos.

Abogado, maestrando de Derecho Administrativo. Miembro del Consejo Consultivo de Perú Legal.