En defensa de la ciudad de Lima

En su aniversario número 491, Lima debe convocar a una reflexión sobre el sentido de gobernar la ciudad con proyección intergeneracional.

Este 18 de enero, Lima cumple 491 años desde su fundación en 1535. La ciudad reúne casi cinco siglos de historia urbana, decisiones políticas y transformaciones sociales. Su desarrollo expresa una secuencia de etapas marcadas por centralización del poder, expansión territorial, migración mal gestionada y crecimiento metropolitano sin visión de largo plazo.

La ciudad colonial se organizó alrededor de las instituciones del poder virreinal. La etapa republicana impulsó la expansión hacia nuevos barrios residenciales. Desde mediados del siglo XX, las migraciones internas ampliaron el territorio urbano mediante procesos de autoconstrucción y ocupación del suelo, sin proyección activa de las gestiones ediles.

En este escenario histórico se inscribe la reciente gestión de la Municipalidad de Lima, encabezada por Rafael López Aliaga, hoy candidato presidencial por Renovación Popular. Durante este periodo, la administración municipal impulsó una política de financiamiento basada en emisiones sucesivas de bonos y en el uso intensivo del endeudamiento como mecanismo de gestión.

Al respecto, el Consejo Fiscal informó que el nivel de deuda municipal superó los parámetros establecidos en las reglas fiscales subnacionales, por lo que ha comprometido los ingresos de varias administraciones futuras.

Las decisiones adoptadas generaron efectos concretos sobre la capacidad financiera de la ciudad. La deuda municipal alcanzó montos que incrementaron el servicio anual destinado a su pago. Como consecuencia, las agencias de calificación internacional modificaron la evaluación crediticia de la Municipalidad de Lima, ubicando sus bonos en una categoría de riesgo mayor.

A ello se suman sentencias judiciales y procesos arbitrales derivados del incumplimiento de contratos, que incorporan nuevas obligaciones financieras y contingencias a mediano plazo.

La experiencia de las metrópolis con altos índices de bienestar advierte de un principio central de la gestión pública: un proyecto de ciudad se sostiene en la proyección intergeneracional de las decisiones. En ese sentido, lo cometido en el gobierno de Renovación Popular bajo el liderazgo de López Aliaga es el uso del endeudamiento como herramienta permanente de gasto corriente que traslada los costos a las siguientes gestiones, sin asumir ningún tipo de responsabilidad.