
La humanidad de Boluarte desapareció el día en que decidió afirmar su gobierno sobre cadáveres; el día en que aceptó que su ruta para sostenerse en el poder, acomodar su sueldo y recibir alhajas se pavimentaba con sangre y plomo.
El abrazo de Boluarte con el Grupo Colina expresa, en realidad, un deseo íntimo de impunidad, construido sobre la narcisista idea de ser quien “salvó al Perú del terrorismo”, de la “avalancha humana”, de los “ponchos rojos” que venían desde Bolivia disparando con balas “dum-dum”. Delirios desde el poder, alimentados por sus esbirros.
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A 40 años de la masacre de Accomarca, en la que el Ejército asesinó a 69 campesinos, incluidos niños y mujeres, la ley de impunidad todavía puede contenerse a través del control de convencionalidad, pero esto es solo una expectativa. Los matones celebran impúdicos su matonería, y el tejido de la sociedad civil se encuentra entre resquebrajado e indispuesto, por sus propias acciones y por recortes de financiamiento exterior. ¿Qué tan popular resultará garantizar impunidad para los responsables de las masacres de 2022-2023 justo antes de elecciones? La foto de ayer le suma a Boluarte en tanto le garantice permanencia, que tampoco es algo definitivo; pero para los invitados al evento, las consecuencias electorales de retratarse como parte del 0 % están aún por verse.
Este esfuerzo por arrastrarnos hacia la barbarie parece un buen negocio para el gobierno actual, y tal vez lo sea temporalmente, mientras dure el régimen que tiene como fecha final el próximo 28 de julio, supuestamente. En este contexto, en que se extrañan tiempos de movilización, es más importante que nunca reflexionar sobre el rol de diversas organizaciones de la sociedad civil cuyas reacciones son bastante discretas. Me pregunto si esto tiene que ver con la energía con la que desde dichos espacios se impulsó el ingreso de Dina Boluarte a la presidencia. ¿Habrá alguna autocrítica sobre esto?, ¿existe conciencia de lo que significa este régimen para el país en materia de derechos humanos?, ¿nunca se evaluó que el único camino de Boluarte sería gobernar con y desde las cavernas? Hay muchas preguntas y pocas respuestas.

Fernando Cerimedo, arquitecto de desinformación, se relaciona con campañas de ultraderecha en América Latina, vinculándose con figuras como Donald Trump y Keiko Fujimori.

La captura de Fernando Cerimedo en Bolivia revela un posible vínculo con un líder de la difusión de información falsa y conspiraciones de ultraderecha en América Latina.

Y ahí quedó claro que la luna de miel gubernamental solo existe en los delirios de quien se preocupa más por la crema humectante que por las protestas.

"El silencio y la demora también producen impunidad. Frente a eso, la única respuesta digna de una república es dejar de pedir plazos y empezar a rendir cuentas"

"Esa memoria es nuestra primera herramienta. La segunda será la articulación —con organizaciones, con gobiernos locales— para exigir las políticas basadas en evidencia que el discurso promete y que los hechos, si no vigilamos, negarán"