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Vamos, dibuje un escudo peruano, por Mirko Lauer

El derecho a utilizar esos símbolos en los espacios que el ciudadano estime convenientes es una elocuente marca de una sociedad democrática

La iniciativa más boba y autoritaria de estas Fiestas Patrias ha sido el intento de limitar el uso de los símbolos nacionales a las oficinas del Estado, tanto militares como civiles. La propuesta surgió del Ministerio de Defensa y tuvo una vida muy breve. Pero ha servido para entender cómo piensan —o, más bien, dejan de pensar— en este gobierno.

El derecho a utilizar esos símbolos en los espacios que el ciudadano estime convenientes es una elocuente marca de una sociedad democrática. De hecho, es interés del Estado que su uso se difunda lo más posible, como expresión del apego ciudadano precisamente a la idea de patria. Prohibirlo habría significado partir la nación en dos: entre quienes pueden usarlos y quienes no.

Como ha rectificado el titular de Defensa, los símbolos patrios son de uso libre (con mínimas excepciones). Lo son aún más en estas fechas, cuando muchos comerciantes suponen que un producto “simbolizado”, por así decirlo, puede tener mayor demanda. Ello suele producir una suerte de barroco patriótico, donde el único problema podría ser, acaso, estético.

Los símbolos patrios son apreciados y acompañan a la población en algo más que un gesto reflejo. No se trata solo de la fuerza de la costumbre o del afecto por lo propio. Existe también un gusto adquirido, que se expresa incluso en la obra de algunos artistas. Destaca entre ellos Eduardo Tokeshi, con sus notables trabajos sobre la bandera peruana.

Como todo aquello que circula en manos de un pueblo libre, los símbolos patrios cambian. La propia bandera conoció diversas fisonomías desde su concepción original. El himno nacional ha experimentado modificaciones en su parte cantable. Discretamente, los artistas proponen variaciones, y también lo hacen, involuntariamente, los errores comunes en su reproducción.

Sobre esto último hay dos formas de ver el asunto. Una sostiene que los símbolos organizan lo nacional como una propuesta de contenido —por ejemplo, la patria como suma de los tres reinos naturales representados en el escudo—. La otra afirma que somos los peruanos quienes infundimos significado a los símbolos, enfatizando, por ejemplo, su diseño decimonónico.

Sería una omisión torpe no mencionar la marca Perú, que, si bien no es un símbolo patrio, ha calado mucho más allá de lo previsto. Necesitábamos una imagen menos cargada de reminiscencias coloniales y más conectada con lo preincaico.

Mirko Lauer

Observador

Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco X. Cero Facebook. Cero Instagram, cero TikTok. Poemario más reciente: Chifa de Lambayeque (Lima, Personaje Secundario, 2024). Próximo poemario será la quinta edición de Sobrevivir. Acaba de reeditar el poemario Los asesinos de la Última Hora (Lima, Cepo para Nutria, 2025).