
(*) Por Jennie Dador Tozzini. Feminista y abogada.
Las mujeres peruanas ocupamos nuestro tiempo tres veces más que los hombres en el trabajo no remunerado. En 2010 dedicábamos 5.45 horas a actividades domésticas y en 2024 disminuyó a 5.07; en catorce años solo ganamos 38 minutos de tiempo para nosotras. Esta situación difícilmente se revertirá en el futuro, pues enfrentamos una crisis de los cuidados debido al aumento de la longevidad y el deterioro de la calidad de vida; así, las mujeres pasarán de cuidar niños a cuidar ancianos y, a esto, debemos agregar la necesidad de contar con ingresos propios, para aprovechar el capital educativo obtenido, participar social y políticamente, y realizar sus propios sueños. No basta proclamar la paridad, hay que atacar los nudos estructurales de la desigualdad que limitan a las mujeres: el uso del tiempo es uno de ellos.
Aquí, el estado civil importa. Las mujeres siempre trabajan más que los hombres: las solteras cuentan con más tiempo, y con menos las que crían maridos, hijos e hijas Estas diferencias se profundizan en mujeres y niñas que viven en situaciones de pobreza, en zonas rurales o de desastres. Usted elige: criar marido e hijos, mantenerse soltera o nos empeñamos y apostamos por una ciudadanía cuidadora universal, donde cada individuo cuida de sí mismo y de otros, porque llegado el momento, todas y todos necesitaremos cuidados y, también, deberemos proveerlos.
Apostemos por la creación de un Sistema Integral de Cuidados con corresponsabilidad entre los distintos actores sociales y corresponsabilidad de género o redistribución del trabajo dentro de los hogares, con derechos para quienes se encargan de ello, y por la formación de una ciudadanía cuidadora porque, recuerda, el trabajo de cuidados y no el capital es lo que sostiene la vida.
“En catorce años solo ganamos 38 minutos de tiempo para nosotras.”

Preocupa el debilitamiento de políticas que abordan estas problemáticas.

Los discursos sobre la infancia a menudo ignoran la realidad de niñas y adolescentes, quienes enfrentan violencia y desigualdades severas.

El problema es de género y de derechos reproductivos, pero también debemos preguntarnos quiénes pueden proteger mejor su privacidad, acceder a asesoría o enfrentar a quienes tienen poder. La posición social también cuenta.

Las políticas educativas actuales ignoran el bienestar y las necesidades locales, dificultando el desarrollo de una propuesta pedagógica que respete la diversidad cultural y territorial en la región.

Hoy se rinde homenaje a las defensoras de los derechos humanos en un jardín cercano al Ojo que Llora, recordando su lucha y legado durante la violencia política en el país.