Las furias y las penas, por Mirko Lauer
"Hay pequeños consuelos por el camino. Los indeseables terminarán su período en poco más de dos años. Unos pocos recalarán en la cárcel, antes o después".

En estos días escucho a gente furiosa y diversa declarar inaceptable la conducta del grueso de los funcionarios públicos (legislación y justicia). Son personas que en lo esencial quisieran que exista alguna manera de frenar esos comportamientos y neutralizar sus efectos.
Cuando les pregunto si han pensado en alguna propuesta, la furia baja y las propuestas se orientan hacia nuevas marchas por las calles, como la del 2020 contra Manuel Merino, alguna otra forma no precisada de resistencia cívica, o simplemente seguir denunciando.
La idea es que alguna de estas tres formas de reclamo logre hacer arrepentirse y retroceder al congresista inculto, atrevido y aprovechador, o al fiscal excesivo en su trato de sus conciudadanos. Quizás, pero para entonces ya será tarde. El orden que mis interlocutores defienden ya estará liquidado, y los valores que lo sustentaban arrasados.
Estos amigos furiosos no quieren una revolución, sino que la gente con poder, grande o chico, se porte bien. No quieren que los culpables de su furia pierdan el poder, es decir que no les interesa que cambie el sistema. En el fondo desean que las próximas elecciones transformen las cosas. ¿Pero qué harán si estas vuelven a llenar el Congreso de partidos y personas indeseables para ellos? ¿Enfurecerse más?
Hay pequeños consuelos por el camino. Los indeseables terminarán su período en poco más de dos años. Unos pocos recalarán en la cárcel, antes o después. Sus pobres carreras políticas o profesionales se eclipsarán aún más. Las maldades que organizaron desaparecerán. Pero los despojos del funcionario detestado también son un plato que se come frío.
¿Qué les puedo decir a mis amigos furiosos? Quizás que los causantes de la indignación están organizados para la política y en cambio ellos no. O que son sus actuales víctimas, los ciudadanos, quienes les dieron, mediante el voto, el poder que hoy tan mal usan. O preguntarles qué tal está votando el congresista que ayudaron a llegar al Legislativo.
¿Hoy en el Perú toda la política es leche derramada? No necesariamente. Pero no es un espacio nacional donde los problemas se resuelven solos. Si no se convierte la furia en acción, durará para siempre. Mientras tanto los sinvergüenzas harán honor a su nombre. Una sonrisa de desprecio para ellos.




