Opinión

El desastre de Machu Picchu

Los turistas no cuentan con información y hacen colas para comprar boletos sin alcanzar cupos.

EDITORIAL
EDITORIAL

Los turistas han sido los más afectados por los avances y retrocesos que ha dado el Ministerio de Cultura en relación con la venta de entradas para ingresar a la ciudadela de Machu Picchu, una de las maravillas del mundo.

Poca información y muy poca labor de difusión han permitido que las personas hagan colas sin ser notificadas de que debían primero acudir a la página web del Ministerio de Cultura para separar su ticket, el cual luego hay que pagar de forma presencial.

En la mayoría de los casos se trata de gente que ha viajado aprovechando las vacaciones de fin de año y le ha sido imposible incluir la visita en su ruta. La página web ha colapsado por momentos y los turistas han permanecido a la espera de información, formando largas colas en las sedes de la Dirección Desconcentrada de Cultura y tratando inútilmente de pagar la entrada, lo que era imposible si previamente no se había tramitado ante el Mincul.

Recién mediante un comunicado aparecido en horas de la noche se informó que la venta de boletos en la plataforma Joinnus no estaba operativa, y que en reemplazo se iba a proceder a venderlas de forma virtual en la web del Mincul.

El desconcierto y el malestar se han apoderado de los viajeros y de los propios operadores de viajes, quienes no entienden por qué se ha dado el paso de la plataforma de ventas online si no se tenía bien previsto el funcionamiento ni la garantía de buenos resultados.

Es también sancionable el método empleado para realizar el cambio de procedimiento para la venta de boletos, pasando por encima de una institucionalidad descentralizada y de la propia ciudadanía cusqueña que se ha sentido agraviada.

El remedio aplicado por el Mincul para supuestamente mejorar la venta de entradas y garantizar un mejor control no ha dado frutos, por lo menos en su etapa inicial. La velocidad del proceso para el ingreso de la empresa privada y la poca transparencia hasta con la propia Dirección Desconcentrada de Cultura han provocado denuncias, renuncias y despidos.

Se trata de un nuevo caso que involucra a la ministra de Cultura, Leslie Urteaga, que parece seguir actuando sin las reglas básicas de quien ostenta tan alto cargo: empatía, inteligencia emocional, comunicación estratégica y efectiva, y rendición de cuentas.

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