Opinión

Kentakkii, por Mirko Lauer

"¿Qué comer en Navidad? Desde hace muchos años para millones de japoneses la respuesta es obvia: Kentucky Fried Chicken".

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¿Qué comer en Navidad? Desde hace muchos años para millones de japoneses la respuesta es obvia: Kentucky Fried Chicken. Los pollos fritos gringos son vistos como parte de la tradición navideña occidental, y por lo tanto legítimas presas de la Nochebuena. La eficaz publicidad de la empresa expendedora ha hecho el resto.

No todos los seguidores japoneses del coronel Sanders son cristianos, pero tampoco se trata solo de una estricta moda gourmet. El Japón no hubiera aceptado la cosa si no intuyera que ella es parte de alguna tradición; por lo menos la de comer ave la noche del 24 de diciembre. Más si el preparado parece una suerte de tempura toscamente frito. Shinto mismo es una tradición sin absolutos.

En KFC no podrían estar más de acuerdo con la costumbre. En estos días la empresa difunde el video publicitario de una cena navideña con dos grandes baldes de sus pollos al centro de una muy decorada mesa. El boom en Japón comenzó cuando en los años 70 KFC no pudo encontrar pavos para extranjeros residentes y turistas, fue necesario un cambio de ave y apareció el Kentakkii.

¿Qué hacemos aquí en el Perú? Es verdad sostenida que, como en otros lugares del mundo, el pavo está en caída. Viene reemplazándolo el cerdo, en sus variadas formas. Pero nadie va a rechazar unas tajadas de roast beef si se las encuentra cerca del arbolito. No es el único hábito ritual gastronómico que está de salida en estos días. Algo que le sucede a la propia cena familiar a lo largo del año.

Nosotros pasamos el 24 o el 25 sobre todo en la modalidad estadounidense: el ave o las proteínas de reemplazo, todo servido frío, la ensalada waldorf, quizás algo de frutas secas. No ha llegado realmente a estas costas el boudin blanc francés o las formas del pudding británico, o la dulcería que viene del Imperio austrohúngaro.

Debemos reconocer que el paso de Japón a la cena navideña KFC es radical, al ritmo de 3,6 millones de personas. De hecho ya es radical el solo hecho de tener cena navideña. Mientras tanto un país católico como este va avanzando hacia una Navidad cada vez menos tradicionalista, sin nacimientos, misa de gallo o chocolate caliente.

Como dice en un haiku el poeta navideño-vanguardista peruano Dennis Angulo: “Los baldes están colmados / KFC / Japan Inc., felicidad”.

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