Recuperar el Ministerio Público
La gestión de Patricia Benavides ha puesto en entredicho la institucionalidad de la Fiscalía.

Pablo Sánchez, como el fiscal más antiguo, ocupó el interinato del Ministerio Público hasta recomponer la Junta de Fiscales Supremos. Se ha puesto como plazo el lunes para convocar la sesión y tomar algunas disposiciones, dada la emergencia.
En el interín, puso orden en los despachos ocupados por la fiscal y sus allegados, y tomó medidas contra lo que podría constituir grave riesgo, es decir, la destrucción o la sustracción de documentación de casos de derechos humanos y corrupción, que fueron utilizados por Patricia Benavides para convertirlos en objeto de transacciones e intercambios con, por lo que se sabe hasta el momento, un tercio del total de congresistas, a quienes se les canjeó expedientes acusatorios por votos.
Con esas acciones, bajan las especulaciones sobre el manejo irregular de casos, algunos emblemáticos, y se neutraliza a la suspendida fiscal de la Nación, quien además de querer borrar huellas, puede pretender interactuar con su base de apoyo, preparándose para los próximos seis meses en los que carecerá de fuerza y poder para ofrecer canjes.
Se vienen tiempos de investigación, recuperación de la institucionalidad y la normalización del funcionamiento de una institución que ha tenido poquísimos buenos períodos y otra larga cadena de etapas en las que ha actuado en contubernio con el poder de turno o ha pactado con la corrupción imperante para la impunidad generalizada.
Hay varios ejemplos. Blanca Nélida Colán, posiblemente la más recordada, por su total contubernio con el fujimorismo. José Antonio Peláez Bardales por su eficiente labor para desbaratar cualquier proceso contra Alan García y la propia Gladys Echaíz, resolviendo los problemas legales de su jefe político.
Ya en este período de desbarate democrático, han sucedido en el cargo algunos personajes más bizarros. Desde Pedro Chávarry, retirado del puesto por obstruir la investigación contra Keiko Fujimori, lo que lo llevó a deslacrar una oficina de madrugada y sustraer documentos. También los fiscales que pactaron con ‘Los Cuellos Blancos’ ya eran muestra de la total precariedad con la que se manejaba la institución. El extremo, sin duda, le corresponde a Patricia Benavides, que empantanó el Ministerio Público, convirtiéndolo en un mercado donde se negociaba la impunidad a cambio de apoyo político.






