Yo solito me autolegislo, por Mirko Lauer

"El cuestionable y cuestionado Alejandro Soto votó por una ley que lo ha beneficiado frente a una acusación por estafa. En parecida línea, el congresista Paul Gutiérrez ha presentado un proyecto para exonerarse de pagar alimentos a su hija".

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La frase “Una ley con nombre propio” solía significar que ella había sido dada para favorecer ciertos intereses específicos, casi siempre de tipo comercial. Una ley así vulnera el principio de que estas deben ser impersonales y con efectos de tipo universal. Se puede ser igual ante la ley cuando esta es concebida igual para todos.

En su peor aspecto, una ley con nombre propio ha podido llegar a beneficiar a una sola persona, como un magnate, o un caudillo, o un candidato, o un individuo en problemas con la justicia. El arte de esa actividad legislativa ha sido siempre que no se note sus efectos, y que pase inadvertida su intención.

Ahora, la hornada de congresistas-chicha surgidos de la crisis política que comenzó en el 2016 ha cambiado las cosas. La ley con nombre propio sigue gozando de buena salud (por ejemplo, en Educación), y probablemente goza también de gran rentabilidad. Pero ahora ha aparecido la ley autopersonal, concebida para favorecer los intereses del congresista que la inspira y logra que ella sea aprobada.

El cuestionable y cuestionado Alejandro Soto votó por una ley que lo ha beneficiado frente a una acusación por estafa. En parecida línea, el congresista Paul Gutiérrez ha presentado un proyecto para exonerarse de pagar alimentos a su hija. ¿Como llamaríamos a esas nuevas propuestas? ¿Leyes al portador? ¿Leyes de autor?

Podemos imaginar al congresista del caso argumentando que la ley que él ha parido, o ayudado a nacer, no lo beneficia solo a él, sino a muchas personas. La llamada Ley Soto le ha caído del cielo a Vladimir Cerrón, a quien una prescripción oportuna siempre lo beneficia. La Ley Gutiérrez, si llega a materializarse, beneficiará a miles de pícaros.

Las propuestas legislativas deben ser revisadas a la luz de los intereses del que propone. Pero esto es un problema, pues las hojas de vida de los parlamentarios están plagadas de omisiones y mentiras. Además de que no es fácil detectar qué intereses personales ha recogido el político por el camino. Cada encuentro negado obliga a una investigación.

En una vena más leve, cabría explorar qué ha llevado al congresista Wilson Soto a presentar un proyecto de regulación de la venta ambulatoria de huevos de codorniz, y a proponer un día para quienes los venden.