El erotismo de Laura Victoria

Por Carmen Rivera. Gertrudis Victoria de las Mercedes Peñuela (1904-2004), colombiana, escribe con el seudónimo de Laura Victoria, a los ocho años fue abandonada por su madre, ello define su personalidad avasalladora.

Carmen Rivera
Carmen Rivera

"Yo soy la plenitud, / soy el estío. / Mi piel trigueña por el sol tostada, / tiene una leve amarillez de hastío/ y un perfume de fruta sazonada" (Peñuela, 2015).

Gertrudis Victoria de las Mercedes Peñuela (1904-2004), colombiana, escribe con el seudónimo de Laura Victoria, a los ocho años fue abandonada por su madre, ello define su personalidad avasalladora. El inicio de sus escritos está enmarcado en la tradicionalidad y el excesivo machismo contrario a su pensamiento libre; por las condiciones matrimoniales, su esposo la obliga a renunciar a la literatura para conservar a sus hijos; romperá su matrimonio. “Amor no es, es algo que remeda/ la desmembranza del rosal caído, / donde ya ni las sombras hacen nido, / ni el viento en rondas de cristal enreda” (Peñuela, 2015).

Sobre la poesía de Gertrudis Victoria de las Mercedes, Barreda dice: "Es el momento del desahogo, de exteriorizar lo oculto, lo prohibido del placer, oportunidad que llega con otros intelectuales, que encumbran sus versos. Esbozo de sensualidad inquieta, desapegada, es un vendaval, un caudal de erotismo lírico, difícil para las primeras décadas del siglo XX "…

En 1939, renuncia temporalmente a la poesía para no perder la tutela de Humberto, Mario y Beatriz, huye a México que la revalora. “Busca mi voz en todos los casos, / busca mi boca en todos los silencios;/ y cuando quieras encontrar mi alma, / búscala en la quimera de mis versos” (Peñuela, 2000).

El erotismo, en su poética, es una exploración aceptada, un encendido aparecer indefinible, un misterio; lo esotérico se transforma para mostrar la belleza y la pasión en una representación placentera. “Pulpa de fruta que destila un vino/ tinto de sombra en el lagar rosado, / dátil maduro, mora del camino, / granado en flor bajo el azul tostado” (Peñuela, 2001).

Sus imágenes redefinen la pasión amorosa, ese acercamiento necesario de los cuerpos sensual y evocador “Ven, acércate más, bebe en mi boca/ esto que llamas nieve;/ verás que con tu aliento se desata,/ verás que entre tus labios se enrojecen/ los pétalos del ámbar…”. Gertrudis Victoria.

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