Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.

Max Uhle, un explorador de su época

"No se pretende polemizar, ni tampoco exaltar la imagen Max Uhle -no lo necesita-; pero sí más bien, resaltar sus aportes y contribuciones, a veces poco conocidos. Antes de su intervención, se creía que todas las evidencias arqueológicas eran Incas."

Por: Lorenzo Risco

Hace poco más de un mes se publicó la opinión del reconocido arqueólogo Luis Jaime Castillo, titulada “Oro, huacos e información, el saqueo del Perú de ayer y hoy” . En ella, el investigador afirma que: el Dr. Max Uhle “fue contratado sucesivamente por las universidades de Pensilvania y de California para saquear cementerios peruanos, fruto de lo cual increíbles colecciones existen en los museos de esas universidades”. Esta declaración provocadora no es falsa, sin embargo debería estar acompañada de algunas merecidas precisiones.

Como lo suponía el filósofo G. Hegel, todo en el mundo está en constante movimiento: la vida de cada individuo, la naturaleza, la historia, la sociedad, etc. Cada época está sujeta a un cierto “Zeitgeist”. Esto significa que una época histórica no sigue a la siguiente al azar, sino que sigue un principio lógico de movimiento. Actualmente, esta palabra germana se usa en el campo de las artes postmodernas, para señalar el conjunto de objetos y pensamientos icónicos con los que hemos convivido durante una década. Si nos trasladamos a la última década del siglo XIX, la historia relata que en 1892, Uhle había llegado a Buenos Aires y cerca de la frontera boliviana en 1983 ya estaba realizando excavaciones esporádicas. Por estos años, es que con la ayuda de Alphons Stübel (vulcanólogo que ya había excavado en la Necrópolis de Ancón en 1875, junto a W. Reiss), Max Uhle consigue un contrato de trabajo con la Universidad de Pensilvania. El contrato se firmó a causa de la precaria situación por la que atravesaba, pues durante su paso por la ciudad de La Paz, Uhle no recibió más subvenciones desde Berlín. Este contrato (1895-1896), lo llevó a iniciar trabajos de excavación en Pachacamac durante diez meses, hospedándose para ello en la antigua hacienda San Pedro de Lurín. Luego, en 1899 Uhle, después de regresar de Estados Unidos, tiene por fin la posibilidad de ampliar sus estudios en el sistema de secuencias culturales peruanas, nuevamente en Pachacamac. Esta vez fue auspiciado por una importante patrocinadora de la antropología y etnología en la Universidad de California, Mrs. Phoebe A. Hearst.

Más allá de estas precisiones, es oportuno señalar que en esa época, la arqueología comenzaba a estudiarse de forma científica, alejándose de la “historia de la antigüedad”. Por supuesto, este acercamiento científico estuvo influenciado por el humanismo y por la fascinación de la burguesía prusiana, que deseaba conocer sobre civilizaciones exóticas y lejanas; y para ese momento el pasado Inca resultaba atractivo. La expedición de Uhle tuvo tres objetivos: 1. Proporcionar objetos arqueológicos para la colección del Museo de Berlín. 2. Realizar estudios etnográficos (costumbres y usos tradicionales) y 3. Reconstruir la trayectoria de la conquista de los Incas. Pero además, Uhle también envió colecciones arqueológicas a las citadas universidades norteamericanas, pero con el objetivo de ser estudiadas y conservadas.

Esto lo demuestra la publicación del informe de las excavaciones de Pachacamac en 1939. Es de aclarar que en aquel momento, no existía un marco legal que reglamente el tratamiento de piezas arqueológicas. Sin embargo, tiempo atrás, como dice la investigadora Stefanie Gänger, A. Stübel y W. Reiss ya criticaban a sus contemporáneos peruanos por no proteger suficientemente los restos materiales del pasado precolombino, y también ellos tuvieron que explicarles sobre la importancia de preservarlos y estudiarlos. Por otra parte, no se debe perder de vista que a finales del siglo XIX, la aplicación científica estuvo también ligada al imperialismo político, la apropiación de la cultura y de la historia de Sudamérica. Esto se manifestó en el discurso colonialista alemán de aquella época.

No se pretende polemizar, ni tampoco exaltar la imagen Max Uhle -no lo necesita-; pero sí más bien, resaltar sus aportes y contribuciones, a veces poco conocidos. Antes de su intervención, se creía que todas las evidencias arqueológicas eran Incas. Él introduce la periodicidad a través de los estilos cerámicos (horizontes estilísticos), realiza reconocimientos en los principales sitios arqueológicos del norte de Argentina, Bolivia, la costa y sierra peruana, Chile y Ecuador. Excavó en sitios emblemáticos como Pachacamac, Huacas de Moche, Marcahuamachuco, Tambo Colorado y Huaca Centinela en Chincha, el etcétera de sitios es largo. Lo que impresiona también, es el grado de precisión del levantamiento topográfico de cada sitio que trabajó, ya que al compararlo con los registros actuales, la diferencia es de sólo centímetros. El 29 de julio de 1906, Max Uhle tomó cargo del área arqueológica del recién inaugurado Museo de Historia Nacional. Allí pronunció un discurso sobre la necesidad imperiosa de conservar los sitios arqueológicos. Queda claro que, a pesar de trasladar piezas a Estados Unidos y Europa, fue reconocido por sus pioneras investigaciones y aceptado en los círculos académicos peruanos. Por otra parte, podríamos pensar que el tráfico de piezas arqueológicas le trajo réditos económicos; no obstante, después de regresar a Berlín a los 88 años en plena segunda guerra mundial, se instaló en un asilo de ancianos en la actual Polonia. Y luego de un par de años, falleció en modestas
condiciones en un sanatorio en Lublinec en 1944. Muchos investigadores, en la actualidad, no dudamos en consultar y citar los trabajos de Max Uhle. Los datos y reportes que nos dejó, sorprenden por el nivel de detalle. Él solo aplicó los conocimientos que se difundían en Europa y la vida lo eligió para explorar América, fue un hombre de su tiempo.

Columnista invitado

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