Opinión

La trenza

“En momentos de crisis, los derechos de las mujeres serán cuestionados y por tanto siempre debemos mantenernos vigilantes (Beauvoir)”.

“El cuento de las mujeres” es como Waldemar Cerrón califica a la violencia patriarcal que se ejerce sobre nosotras, nuestros cuerpos y nuestras vidas. Su hermano, Vladimir Carrón, anunció que la bancada de Perú Libre – que no para de votar de la mano con el fujimorismo – apoya de manera unánime la decisión de cambiar de nombre al Ministerio de la Mujer por el de Ministerio de la Familia. El argumento esgrimido en redes es que “la relación opresor/oprimido no tiene como génesis la diferencia sexual, sino la posición económica”.

Esta reflexión, de marxismo ramplón que esconde una raíz profundamente machista detrás de una supuesta radicalidad, desconoce el avance teórico histórico de muchas marxistas feministas, como Kollontai (1872), Goldman (1869) o Luxemburgo (1871), que no dieron tregua al llamado feminismo burgués, pero denunciaron con firmeza la doble explotación de las mujeres obreras, la de clase y la de género.

Como parafrasean las compañeras, ser feminista y no ser de izquierda es no tener estrategia, pero ser de izquierda y no ser feminista es no tener profundidad. Esta lucha no es reciente, ni un invento de USAID y las ONG “imperialistas”.

No olvidemos que el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer por la lucha de las obreras que en 1907 exigieron condiciones de trabajo justas y murieron incineradas en una fábrica por eso. Las mujeres no hemos tenido los mismos derechos que los hombres, ni al trabajo, ni a la educación, ni al voto, ni a una vida libre de violencia. Esos derechos los hemos conquistado.

Y en América Latina, como advirtió Marfil Francke, la dominación de los pueblos es por la triada de sexo, clase y raza. Se combina un ejercicio de poder patriarcal, capitalista y colonial. Se ejercen como una trenza, que requiere de tres mechones para sostenerse, pero genera la ilusión visual de ser solo dos. Así, se visibiliza la desigualdad de clase y la de raza, pero se invisibiliza la desigualdad de género. No lo olvidemos, la emancipación supone una lucha frente al clasismo, al racismo y al machismo.

Una lucha permanente, pues los derechos conquistados no los podemos dar por sentados. En momentos de crisis, los derechos de las mujeres serán cuestionados y por tanto siempre debemos mantenernos vigilantes (Beauvoir).

Hoy toca estar vigilantes ante lo que a todas luces es un intento de arrebatarnos conquistas esenciales por parte de un bloque de poder en el Congreso de la República, de partidos de derecha como Renovación Popular, Fuerza Popular y Avanza País, partidos empresa como Alianza para el Progreso, en alianza con Perú Libre y la Bancada Magisterial para ir en contra de los derechos de las mujeres y las diversidades. Hoy toca luchar por defenderlos, por nosotras y por las que vendrán.

Nota: Marfil, no sabes la falta que nos haces. Un beso al cielo, compañera, acá defenderemos, como nos enseñaste, nuestros derechos siempre.

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