Hernán Chaparro

Hernán Chaparro

La otra orilla
Profesor e investigador en la Universidad de Lima, Facultad de comunicación. Doctor en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid y miembro del comité consultivo del área de estudios de opinión del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Viene investigando sobre cultura política y populismo. Twitter: @hchmel

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Todos bajan, pero no todos vuelven

“Estar en el poder no solo es escuchar al pueblo, como suele decir, sino que también demanda la búsqueda de alianzas o acuerdos básicos de algún tipo para poder gobernar...”.

Un sector de la ciudadanía y determinados grupos en el Congreso siguen creyendo que la vacancia presidencial es la gran solución a la actual crisis política y no se dan cuenta de que eso solo es minar más aún el sistema democrático. Puede que crean que la democracia existe solo cuando un grupo afín toma el poder y todo aquello que sea diferente es una amenaza. Esa ceguera debe ser la que no les permite ver que, en la actual dinámica, se desgastan el ejecutivo y la oposición y, una vez más, crean un clima donde la gente termina prefiriendo apostar a algo diferente que, además, viene derivando en una gran fragmentación del poder. La encuesta de Ipsos de este domingo muestra que el nivel de aprobación del presidente, de la presidenta del Consejo de Ministros, del Congreso y de la presidenta del Congreso va con tendencia a la baja. Que algunos medios solo destaquen los problemas del ejecutivo es una cosa, pero los sondeos indican que la ciudadanía está cada vez más cansada de ver que el entrampamiento político vuelve a ocupar el escenario y corroe, aún más, la confianza de la población en sus supuestos representantes, todos.

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La expectativa que llevó a que en el interior del país alrededor de un 60% vote por Castillo en la segunda vuelta fue, entre otros, porque se le asoció con una propuesta diferente a la de los partidos políticos tradicionales. Este sector prefirió una mezcla de incertidumbre y esperanza a volver a lo ya conocido. Así de fuerte fue el rechazo a lo establecido. ¿Qué es un partido tradicional en la mirada regional? Un grupo de personas preocupadas por llegar al poder para aprovecharse de él, personas que prometen, pero luego se desvinculan de los compromisos asumidos con su electorado. La conmemoración de las protestas de noviembre del año pasado son un recuerdo de las consecuencias del cansancio ciudadano. La votación fragmentada en muchas de las elecciones regionales es otro indicador. La dispersión en el voto para el Congreso transitorio y los resultados de la primera vuelta en estas elecciones presidenciales son otros. Ese sentimiento sigue ahí y se va profundizando.

El presidente muestra diversas debilidades y problemas para ser gobierno. Estar en el poder no solo es escuchar al pueblo, como suele decir, sino que también demanda la búsqueda de alianzas o acuerdos básicos de algún tipo para poder gobernar, sobre todo considerando que lograron solo una primera minoría en el Congreso y que no supieron negociar para estar al menos presentes en la Mesa Directiva del Parlamento. ¿Eso lo aleja de algunas promesas de campaña? En el corto plazo, seguramente, pero más allá de su temor a sentir que traiciona a su electorado debería valora qué cosas sí pudiese lograr. Sus errores puede que terminen desgastando las alternativas de izquierda por un largo plazo y fomenten salidas autoritarias.

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El gran problema es que, frente a lo mencionado, el Congreso aporta poco. Fuera de pedir la remoción del presidente o de blindarse para evitar una disolución, no hay mayores logros. ¿Exonerarse de pagar multas suma? ¿Posponer elecciones abiertas para seleccionar candidatos? ¿Buscar minar la reforma universitaria? ¿Seguir aumentado su presupuesto de gestión? ¿Tener a congresistas vinculados al sector construcción en la Comisión de Vivienda? ¿A los relacionados con universidades en la Comisión de Educación? ¿Cuestionar al presidente por el ministro de Transportes y Comunicaciones y luego abstenerse de interpelarlo? Hay un selectivo trabajo de fiscalización y la ciudadanía lo nota.

El presidente parece más interesado en acumular fuerzas o adeptos futuros y varios partidos en el Parlamento están más concentrados en desgastar al Ejecutivo. Lo más probable es que la población vea que, para variar, Ejecutivo y Legislativo andan en “lo de siempre”.