Hernán Chaparro

Hernán Chaparro

La otra orilla
Profesor e investigador en la Universidad de Lima, Facultad de comunicación. Doctor en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid y miembro del comité consultivo del área de estudios de opinión del Instituto de Estudios Peruanos (IEP). Viene investigando sobre cultura política y populismo. Twitter: @hchmel

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Agendas y puentes

“La prensa debería jugar un rol de promotor del debate, de servir de puente entre las diferentes posiciones políticas y los intereses ciudadanos. Y en este espacio hay de todo...”.

En un clima político que se observa polarizado, Mirtha Vásquez tiene la tarea de construir puentes ahí donde hubo petardos. La dificultad de Pedro Castillo sobre cómo abordar la relación con la oposición y cumplir con diversos aliados de ruta sigue pasando la factura. El presidente dice “…ahora quiero trabajar”, pero esa situación no se avizora sencilla. Estamos en un momento de “guerra fría” donde las bancadas en el hemiciclo oscilan entre la oposición ideológica, la ley hecha a la medida de algún interés y la seguridad del sueldo. La esperable fragmentación de la bancada de Perú Libre permitirá ver quiénes están en los polos, pero los llamados a jugar un rol en la construcción de ese puente (AP, APP y el segmento menos radical de PL) son grupos que tampoco muestran un peso propio. A su vez, el profesor insiste en designar ministros desde una lógica de compromisos que no es defendible frente al interés público, que abona la controversia y se contradice con su pedido de tregua.

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En general, todo esto es la consecuencia de nuestra precariedad partidaria. Qué difícil se ha vuelto llegar a acuerdos mínimos. La disolución del Congreso y la vacancia sigue rondando la cabeza de varios. La desconfianza prima y solo se ve la viga en el ojo ajeno. Cómo entender si no que ahora la demanda de algunos grupos de oposición sea que el Ejecutivo deje de lado la reforma de la Constitución (cosa que ya se dijo), pero a la vez sean estos mismos los que, en la práctica, quieran reformar la Constitución a su gusto para quitarle poder al Ejecutivo. No es reforma, dicen, es una ley de desarrollo constitucional.

En este contexto, la prensa debería jugar un rol de promotor del debate, de servir de puente entre las diferentes posiciones políticas y los intereses ciudadanos. Y en este espacio hay de todo. Algunos informan o fiscalizan temas de un lado, lo cual puede estar muy bien, pero se calla o minimiza sobre los otros. Eso es desinformar. Diversos portales digitales están supliendo la demanda de investigación, análisis imparcial, contraste de posiciones. Estamos frente a un sistema de medios híbridos donde se combinan medios masivos “tradicionales” (que también tienen presencia digital), portales que son nativos digitales, medios sociales donde los partidos políticos y grupos diversos pueden expresarse directamente, pero donde también hay una parte de la ciudadanía, una pequeña parte hay que decir, que sigue y hace política. Recién se están haciendo estudios sobre este nuevo entorno mediático, policéntrico, y los primeros resultados son preocupantes. Si en algo se parecen el sistema de partidos (si alguna vez hubo en el país) y el sistema de medios es que ambos han perdido legitimidad y todavía no se avizora un nuevo orden. Acá también están presentes la fragmentación y los vínculos rotos.

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Y mientras tanto, la agenda ciudadana continúa ahí, sin ser resuelta. La última encuesta de Ipsos permite ver que las demandas siguen siendo las de hace años: reactivar la economía, mejores servicios de salud, educación, combatir la corrupción y la delincuencia. Piden un cambio. Frente a estos temas no hay polarización. Hay estudios que indican que las posiciones extremas frente a temas sectoriales, en la opinión ciudadana, se dan solo en los sectores más ideologizados, que son los menos. Algo similar a lo que puede ocurrir entre actores políticos. Más allá de que se autodefinan de izquierda, centro o derecha, lo más probable es que las personas se muestren de acuerdo en todos los temas ya mencionados. Ni la oposición ni el Ejecutivo ven esto con claridad, los medios tampoco. Estos últimos destinan más espacio a la polarización de la escena oficial que al debate sobre las soluciones que demanda la población. Un poco más de balance podría ayudar a centrar la discusión y reconstruir vínculos.