La revolución que nadie soñó
Hace cuatro meses, una amenaza externa nos obliga a revisar nuestra vida y a resaltar lo esencial de lo accesorio.

Por: Patricia Checa, psicoanalista de la SPP
Fernando Mires tituló así su libro en 1996, nombrando los cambios socioculturales que vivíamos como si fuese una revolución no programada. Desde entonces lidiamos con sugerentes transformaciones, las que también retan a nuestro amor por lo estable. La recreación de lo femenino y la comunicación digital sin fronteras sonaba tan prometedor como difícil es también la toma de conciencia del cuidado de la naturaleza, y la vigilancia ética de los gobernantes que merecen ser elegidos. Hace años que buscamos nuevos recursos para pensarnos, con mucha esperanza y poco asidero.
Los psicoanalistas ayudamos a crear “continentes” propicios para pensar los cambios, deseados o no, a lo que llamamos los “contenidos” de la vida. Más aún, parte de nuestro trabajo busca algún tipo de mudanza. ¿Por qué el cambio? Porque aunque nuestro ser necesita devenir, la mente tiende a detenerse queriendo ir “hasta aquí nomás”, sin revisiones. Esbozar nuevos desarrollos conlleva un inevitable malestar.
Hace cuatro meses, una amenaza externa nos obliga a revisar nuestra vida y a resaltar lo esencial de lo accesorio, despertando a nuestro connatural ser filosófico. Descubrimos que nosotros, al lado de todos los humanos, somos más pequeños y la naturaleza más grande, y que las cosas pueden cambiar en un instante.
Al cabo de una semana de cuarentena me llamó una persona con quien había realizado un proceso analítico. Cuando terminamos, hace algunos años, ambos sabíamos que faltaba camino por recorrer, que no le era fácil cambiar su estilo de vida. Sin embargo, ahora me llamaba para agradecerme lo que pudimos pensar juntos. Ninguno de los dos “soñó” que dentro de él ya habitaba una revolución en ciernes, y que tuvo que esperar un tiempo y circunstancia determinados para hacerse visible.
Si hemos tenido que cambiar varias veces de lentes y aún no vemos nada claro, parece que hoy necesitamos encontrar un prisma que refracte nuevos colores para poder mirar mejor nuestro devenir futuro.












