El nacimiento de una Constitución

Óscar Miranda

oscar.miranda@glr.pe el_miranda

11 Ago 2019 | 6:00 h
Víctor Raúl Haya de la Torre presidió la Asamblea Constituyente. Fue una reivindicación histórica.
Víctor Raúl Haya de la Torre presidió la Asamblea Constituyente. Fue una reivindicación histórica.

A propósito de los 40 años de la Constitución Política del 79, repasamos, junto con algunos exconstituyentes, ese momento histórico en el que la izquierda, el APRA y la derecha alumbraron un texto que muchos hoy siguen evocando.

En el verano de 1979, antes de que Víctor Raúl Haya de la Torre viajara a Houston, Texas, a tratarse el cáncer pulmonar que lo estaba consumiendo, surgió una posibilidad para que, luego de 60 años de carrera política, el fundador del Partido Aprista, la leyenda viva de la política, se convirtiera, por breve tiempo, en presidente de la República.

Lo cuenta Carlos Roca, uno de sus más cercanos discípulos y compañero suyo en la Asamblea Constituyente, al recordar ese año, entre julio de 1978 y julio de 1979, en el que apristas, pepecistas e izquierdistas se unieron para elaborar la Constitución Política de la nueva nación que surgiría en 1980, con el retorno de la democracia.

–Antes de viajar, Haya de la Torre tuvo una conversación con Francisco Morales Bermúdez. Le propuso que fuera un nuevo San Martín: que entregara las insignias de mando ante la Asamblea Constituyente. Morales entregaba las insignias, Haya de la Torre –como presidente de la Asamblea– asumía la presidencia y convocaba a las elecciones.

Roca dice que el dictador tuvo la mejor disposición y que quedó en consultarlo con su cúpula. Pero el plan quedó en nada: el líder aprista regresó al país destruido por la quimioterapia. Hablaba con dificultad y casi no podía escribir.

Y, aunque no pudo reincorporarse a sus funciones, para entonces su labor ya había tenido éxito. Bajo su liderazgo, cien representantes de (casi) todas las tendencias políticas habían redactado un nuevo texto constitucional. En intensos debates, sin ponerse de acuerdo en muchas cosas, pero llegando a consensos en muchas otras. Cuarenta años después de su promulgación, todavía hay peruanos que lo reivindican.

La promesa al dictador

La Asamblea Constituyente y la nueva Constitución fueron la respuesta de la dictadura al cúmulo de protestas sociales que sacudieron el país en la segunda mitad de los setenta y que tuvieron su clímax en el histórico paro del 19 de julio de 1977.

Un año después, cuando la Constituyente se instaló, el país seguía en llamas. Maestros en las calles, mineros en huelga, protestas todos los días y un régimen que perseguía a los dirigentes y enfrentaba la agitación cada vez con más violencia.

Desde el primer día, la izquierda exigió que la Constituyente no solo se ocupara de crear la Carta Magna, sino de atender los graves problemas sociales, pero ni el APRA ni el PPC, las dos fuerzas políticas con mayor número de representantes, se lo permitieron.

–La izquierda quería que fuese un congreso ordinario, cuyo primer acto fuera cesar a la dictaduradice Xavier Barrón, uno de los dos constituyentes más jóvenes, junto con Alan García. –Pero a nosotros el pueblo nos había elegido con un mandato específico, y no podíamos salirnos de ese mandato.

–¿Qué nos garantizaba que la dictadura militar siquiera fuese a tomar a la Asamblea en serio?– dice, por su parte, Enrique Fernández Chacón, en esa época miembro de la organización izquierdista Focep. –Nosotros presentamos una moción para que la Asamblea asumiera las riendas del gobierno. Y para que gobernara Haya de la Torre.

–Yo discutí mucho sobre eso con Ricardo Napurí– dice Carlos Roca. –Él me decía “oye Carlos, esta es la gran ocasión para que Haya de la Torre sea presidente de la República. Para que asumamos todos los poderes”. Y yo le decía “claro, y al día siguiente nos rodean todos los tanques y se acabó la historia”.

Lo cierto es que el líder aprista se había comprometido con el dictador a que la Constituyente se limitaría a redactar la nueva Carta Magna, tal como admite el propio Roca.

Haya de la Torre se comprometió con Morales Bermúdez a hacer solo la Constitución.

La izquierda siempre denunció un pacto por lo bajo y, aunque Roca lo niega, admite que la comunicación entre su líder y el gobernante era fluida.

–Teníamos un enlace, que era su hijo, Remigio Morales. Él era aprista, y cuando Haya quería comunicarse con Morales Bermúdez, llamaba a Remigio.

El APRA también era cercano a ministros del régimen como Javier Tantaleán, Pedro Richter y Guillermo Arbulú.

Xavier Barrón dice que la cúpula del PPC, encabezada por Luis Bedoya Reyes, se reunía informalmente todos los jueves con el primer ministro Arbulú y otros miembros del gabinete.

–Eran almuerzos "de amistad", para evitar precisamente los roces que solo conducirían a un gobierno de izquierda.

Esa cercanía también garantizó que se hiciera caso omiso a los pedidos de la izquierda de investigar los crímenes de derechos humanos cometidos por la dictadura, varios de ellos comprendidos dentro del Plan Cóndor, y por los cuales la justicia italiana condenó recientemente a Morales Bermúdez y otros militares a cadena perpetua.

Debate entre colosos

Una de las cosas que Barrón, Roca y Fernández Chacón recuerdan con más cariño de la Constituyente es el nivel del debate. Proclamas encendidas, bellos alegatos, catilinarias destructivas pronunciadas por los "colosos" allí reunidos.

–Tenías a un Bedoya Reyes, a un Ruiz Eldredge, a un Valle Riestra, a un Cornejo Chávez–dice el izquierdista Fernández Chacón. – Tenías que estar preparado. Tenías a ese viejo zorro que era Luis Alberto Sánchez, que estaba a la caza de cualquier estupidez que tú dijeras para tirarse encima (risas).

Carlos Roca recuerda un día en que él y Alan García se quedaron impresionados al escuchar la intervención del líder comunista Isidoro Gamarra.

–Yo le dije "oye, mira, serán comunistas ¡pero están hablando de las cosas que nosotros también defendemos!".

El APRA y la izquierda coincideron en muchas cosas, entre ellas el papel del Estado en la economía, sobre el cual discrepaban con el PPC. Sin embargo, en el capítulo económico las fuerzas políticas supieron encontrar una redacción lo suficientemente ambigüa como para que pudiera enmarcar políticas económicas tanto de izquierda como de derecha.

Una de las grandes novedades de la nueva Constitución fue darle mayores poderes al presidente de la República: por ejemplo, poder cerrar la Cámara de Diputados en caso de que le censuraran tres gabinetes.

Se estableció la segunda vuelta electoral, una propuesta –según Barrón– que vino de Roberto Ramírez del Villar.

Se abolió la pena de muerte, salvo en caso de traición a la Patria en guerra exterior, y se otorgó el voto a los analfabetos. Asimismo, se estableció la ciudadanía a partir de los 18 años.

La nueva Carta Magna quedó redactada con siete títulos, 307 artículos y 18 disposiciones generales y transitorias que pretendían atender algunos problemas urgentes, como la condonación de la deuda agraria y el retorno de los despedidos.

Sin embargo, nada de esto fue suficiente para que la izquierda aceptara firmarla: según ellos, no incluía las aspiraciones reales del pueblo.

Hoy, Fernández Chacón dice estar arrepentido y que la firmaría "con las dos manos".

Quien sí la firmó fue Haya de la Torre. Postrado en su lecho de enfermo, en Villa Mercedes, recibió al Oficial Mayor, quien le llevó la autógrafa del texto constitucional. Con dificultad, quizás con ayuda, su firma quedó escrita en la última página. Esa misma tarde, el 12 de julio de 1979, la Constitución fue promulgada por el presidente en funciones de la Asamblea, Luis Alberto Sánchez. Tres semanas después, moría Haya de la Torre. Su tarea estaba cumplida.

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