José Carlos Agüero

“Tal vez la reconciliación no es el camino”

Historiador, poeta e investigador sobre el tema de violencia y memoria histórica. Autor del libro Los rendidos (IEP. 2015). Sus padres fueron militantes de Sendero Luminoso.

Maritza Espinoza

Domingo, 27 de Mayo del 2018

Aunque para la derecha local es solamente “el hijo de dos terroristas” (sus padres fueron militantes de Sendero Luminoso ejecutados extrajudicialmente), José Carlos Agüero es bastante más que eso. Historiador y escritor, su libro Los rendidos es un valioso testimonio que ayudó a echar nuevas luces sobre las víctimas del conflicto armado interno. También ha sido miembro de la comisión que elaboró los lineamientos del Lugar de la Memoria, institución que en las últimas semanas ha sido objeto de durísimos ataques. Por cierto, su presencia en la mencionada comisión fue uno de los argumentos favoritos de quienes quieren arrasar con el LUM y, de paso, con nuestra memoria colectiva.

El mensaje detrás de los cuestionamientos que te han hecho en el caso del LUM es algo así como: “Hijo de terruco, terruco es”. ¿Qué responderías a eso?

Es un poco fuerte, la verdad. Creo que, en realidad, es una manera de instrumentalizarme, de atacarme a mí, pero atacar a otros temas que realmente son más importantes. Entonces, los agravios personales los puedo pasar por alto, pensando que hay cosas más importantes por discutir.

¿Qué es lo que no se puede pasar por alto?

Hay un intento de controlar el pensamiento, una especie de comisariato o policía del pensamiento que intenta imponer un pensamiento único a la fuerza, excluir otras sensibilidades, estigmatizar otras memorias y personas, a menos que estas pasen por el filtro de una censura o autocensura o superen la vigilancia de ese pensamiento “sospechoso”. Y es bien amplio todo lo que se define como sospechoso desde esta mirada.

En algunos sectores se ha dicho que tu caso es comparable al de Keiko Fujimori, porque se les culpa por lo que hicieron sus padres...

Creo que a nadie se le debe responsabilizar por culpas de otros, ni a Keiko Fujimori ni a Kenji Fujimori. Tampoco me ha parecido justa la manera en que los han tratado en relación con sus padres. No me gusta el lenguaje que se usa para denigrarlos, no lo comparto. Sin embargo, creo que no son comparables en cuanto a nuestra actuación en la comunidad.

¿A qué te refieres?

Supongo que quienes son enemigos o rivales políticos de Keiko Fujimori lo son por las acciones de Keiko Fujimori, no porque sea hija de Alberto Fujimori. Es porque ella sigue siendo hoy representante de un sector muy duro, muy conservador y finalmente debe hacerse cargo de las responsabilidades que emanan de las acciones de su partido. Yo no tengo por qué hacerme cargo de las acciones que emanan de Sendero Luminoso.

En Los rendidos, tu primer libro, de alguna manera te disculpas por lo que hicieron tus padres. ¿Por qué cierto sector de la gente no te cree?

No se trata de que no me crean, sino que es funcional decir lo que están diciendo. La verdad es un valor que no es caro a sus discursos y lo que les importa es imponer un tipo de interpretación de las cosas donde los demás somos instrumentalizados. Así como soy instrumentalizado yo para decir “hijo de terrucos, terruco”, así, genéticamente, hasta el fin de los tiempos, igual instrumentalizarán a la pobre pedagoga del Lugar de la Memoria sin importar los costos personales.

E hicieras lo que hicieras, dijeras lo que dijeras, ¿se te seguiría tratando igual?

¿Qué tendría que hacer yo para esperar que alguien con una posición tan dura me crea? Tendría que desenterrar los huesos de mis padres… Por cierto, los de mi padre no sé dónde están, pero, digamos, los de mi madre, escupir sobre su tumba, quemarlos… Y sería insuficiente, porque no se está jugando en el terreno de la verdad ni el de la buena fe; se está jugando en el terreno de la tergiversación y del intento de imposición de un pensamiento único.

¿Por qué referirse a los miembros de Sendero Luminoso y el MRTA, e incluso a sus hijos, como seres humanos despierta tanto rechazo?

Es una buena pregunta y hay que dividirla en dos respuestas. Creo que es muy válido que la gente esté muy sensible, y tenga temor, y se preocupe por la salida de la gente que es excarcelada de Sendero Luminoso y del MRTA, porque ha sufrido mucho. La otra parte de la respuesta es que hay, sobre esa base de ansiedad normal en un país de postconflicto, una manipulación de parte de fuerzas políticas que quieren entrampar los procesos de violencia para poder usarlos en el presente. Finalmente, el pasado les importa poco. Les importa generar un contexto de ansiedad, miedo, chantaje y autocensura y, en este sentido, exacerbar las sensibilidades es parte de la estrategia.

Tú has dicho que es un error expulsar de nuestra historia a los senderistas. ¿Por qué hay que traerlos de vuelta? ¿Para qué sirve?

Para pensar. Siempre digo que más importante inclusive que hacer memoria es pensar. ¿Pero cómo podemos hacerlo si nos faltan elementos, si en vez de conocer a las demás personas, actores o agentes que participaron, lo que hacemos es solo imaginarlos o tener solo arquetipos o fantasmas o cosas construidas solo para efectos de generar historias casi góticas de terror? No digo que no sean sujetos que hayan generado terror. Lo que digo es que hay que conocerlos para poder reflexionar a fondo y sacar las conclusiones para el presente.

Otro argumento es que tú no podías ser asesor del LUM porque debes odiar a quienes mataron a tus padres…

Ya, pero no odio. Sin embargo, es un buen punto ese, porque no podría demostrar yo que no odio y, como es indemostrable, es un punto interesante en el sentido de cómo varios valores han perdido vigencia en nuestro país. Por ejemplo, la primacía de la verdad. Entonces se puede jugar con lo que ahora se llama la posverdad y diferentes formas de información. Tampoco importa la buena fe. Básicamente estamos pensando todos cínicamente o generando sospechas sobre los demás.

¿Todos somos sospechosos para alguien...?

Exacto. Y, por último, todos somos culpables de antemano de algo, en particular si no estás alineado a cierta línea de pensamiento que básicamente adscribe a un grupo y cuyo mensaje es que este grupo tiene la capacidad de interpretar la historia y de representarla de modo legítimo, porque representa los valores principales de la patria y se adjudica para sí el logro de la paz. Para lograr que su discurso se imponga, tienen instrumentos como el negacionismo, la relativización de las violaciones de derechos humanos, la reescritura de la historia, la estigmatización de personas… En medio de eso, personas como yo, que en ese contexto aparecen como sospechosas, en efecto no encajan. Lo que nos toca sería o no participar o autocensurarnos o mantenernos al margen o permitir que nos agravien continuamente.

Desaparecer, en otras palabras...

Básicamente. Yo a veces no sé si debo hablar o no, si debo participar o no. Inclusive en causas muy justas, donde me invitan, y tengo que pensarlo dos o tres veces, porque no sé si estaré haciendo más un daño que contribuyendo con mi participación, porque sé que detrás está todo este montaje que es mucho más grande y fuerte, y que es un proyecto que supera inclusive la crisis del LUM.

Pero también no aparecer es una victoria para ellos, ¿no?

También lo pienso, pero es difícil resolver el dilema. Cuando me invitaron a formar parte de la comisión del LUM –yo soy miembro ad honorem–, lo pensé bastante también. Obviamente soy consciente de la situación de estigmatización en la que me intentan colocar. Pensé que podría generar, en efecto, un problema en el futuro si la cuestión se endurecía. Sin embargo, cuando se me propuso, el LUM estaba también en un momento de crisis y pensé que podía ayudar, y se me dijo, creo con muy buena fe, que se esperaba un trabajo con mucha apertura y que yo podía contribuir justamente a generar consensos, que es lo que intento hacer siempre.

¿Te arrepientes de tu decisión de participar?

Viéndolo en retrospectiva, dado que hay cosas que no están superadas en el país y que son usadas con mala fe, tal vez pude no participar, porque abro un flanco para la defensa de los derechos que ya tiene bastantes flancos abiertos. Entonces, sí. A mí no me pesa haber participado. Creo que lo he hecho con transparencia, con honestidad y con muy buena fe, y creo que todos los que trabajaron ahí también. Además, quien quiere investigar puede escuchar todos los audios que están absolutamente grabados en relatorías, en fin. No hay nada que sea malintencionado o que haya tenido una intención apologética; todo lo contrario.

La ministra (de Cultura, Patricia) Balbuena, de alguna manera sacó cuerpo cuando te atacaron en el Congreso, porque dijo que no se te había contratado en su gestión. ¿Qué opinas de su actitud?

Creo que la ministra, desde lo que puedo ver, requiere mayor respaldo. La veo muy débil en relación con todo lo que te estoy mencionando. Y necesita respaldo del más alto nivel, porque esto del LUM es solo un signo de una pelea más grande que tiene que ver con sentidos, interpretación del país y, finalmente, poder. Y no está en manos de ella, pues, enfrentar sola, y menos en un tema tan controversial, una batalla de este tipo. Creo que sí debería hacer todo lo que pueda por defender lo que se ha conseguido. No todo se trata solo de acciones de apaciguamiento, a lo Chamberlain (primer ministro del Reino Unido en la segunda guerra).

Pero el presidente Vizcarra ha dicho que más bien está preocupado por la apología del terrorismo. O sea, no hay mucho apoyo por ahí…

Bueno, esperemos que cambie de opinión y visite el LUM. Creo que visitar el LUM es un buen antídoto ante posiciones tan irracionales.

El fujimorismo habla bastante de la reconciliación. ¿Consideras que le interesa realmente?

Espero que sí, que a algún sector (del fujimorismo), porque también creo que las cosas no son monolíticas. Ahora, al que hemos visto, no le importa la reconciliación. Lo que le importa es ostentar el poder con la mayor soltura y control que pueda, incluido el control del pensamiento, la reescritura de la historia… Si la reconciliación que nos quieren imponer significa impunidad, y yo creo que eso es lo que están intentando transmitir, bueno, ojalá que no nos reconcilien así a la fuerza. Va a ser dolorosa esa reconciliación.

Ya no solo desde este papel que te ha puesto la historia, sino también como historiador, ¿qué podría reconciliar al país? ¿Hay alguna manera en que se pueda acelerar ese proceso?

Yo creo que no hay una fórmula para reconciliar al país y tal vez no es el camino la reconciliación, pero sí por lo menos establecer algunas normas de convivencia y respeto mutuo, donde nadie tenga la capacidad de imponer al otro su voluntad. Y, sobre todo, en relación con el tema de la memoria, una cosa muy básica es que tenemos que aceptar. No se puede intentar establecer un diálogo o una conversación sobre estos temas rechazando, olvidando o mintiendo. Aunque sea doloroso, tenemos que aceptar costos y las responsabilidades que nos caen. Más que exigir del otro, hay que dar. Entonces, quienes cometieron errores, delitos, crímenes, se equivocaron, tienen que decirlo, tienen que aceptarlo, tienen que darnos a los demás algo, aunque eso sea doloroso, y no solamente negarlo. Eso nos va a ayudar, en efecto, como decía, a pensar.

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