Casi el 60 por ciento de mujeres en el Perú están subempleadas, la gran mayoría hace doble turno, fuera y dentro de casa, sin remuneración por el trabajo invisible de cuidados, que representa el 25 por ciento del PBI.,Escribo esta columna los días jueves pero solo por esta vez la escribo un miércoles, porque ayer hice paro junto a miles de mujeres que pudieron sumarse a la reivindicación global por el 8 de marzo, que este año se tradujo en una gran huelga feminista, con el lema de “si nosotras paramos, se para el mundo” y que en el Perú fue impulsada por la plataforma Paro Internacional de Mujeres. Si en Argentina reclamaron por el aborto libre, en el Perú la principal demanda ha sido la justicia. Tenemos razones para clamar por ella: Las recientes evidencias de cómo el Poder Judicial apaña maltratadores, promueve la impunidad y no ofrece una verdadera justicia para las mujeres, como en el caso de la deplorable absolución del agresor de Arlette Contreras, nos han hecho más conscientes de nuestra vulnerabilidad y de la necesidad de seguir creando comunidad y lazos entre mujeres que sufren acoso, discriminación y violencia, de seguir hablando, de seguir denunciando. Hablo de mujeres que “pudieron” sumarse a la huelga, porque no todas pudieron. De hecho, en el Perú, a diferencia de países del Primer Mundo donde la huelga ha sido parcial, general y hasta de 24 horas para muchas mujeres, el paro en nuestro país fue simbólico. Yo soy una periodista freelance, que debe sumar colaboraciones para llegar a fin de mes, pero que puede permitirse parar. Tengo un marido corresponsable que estuvo ayer al cuidado exclusivo de nuestros hijos. Solo esas cosas me hacen una privilegiada. Casi el 60 por ciento de mujeres en el Perú están subempleadas, la gran mayoría hace doble turno, fuera y dentro de casa, sin remuneración por el trabajo invisible de cuidados, que representa el 25 por ciento del PBI. Los contratos de trabajo en el Perú son precarios, temporales, esclavistas. Si paras, se para tu vida, la vida de tus hijos. Por ellas también salimos a la calle, porque un día podamos marchar todas juntas hacia un mundo más justo e igualitario.