La verdad de los idiotas

El arte popular suele contar la verdad, y la verdad asusta a los idiotas.

28 Ene 2018 | 6:05 h

Intenté contactar a Primitivo Evanán, el maestro ayacuchano cuya obra ha sido injustamente calificada como apología al terrorismo. Llamé por teléfono, escribí  un par de correos, mensajes por chat y visité su pequeño local en un mercado artesanal que llevaba dos días sin abrir, pero fue imposible.

Hablé con su hija quién amablemente me dijo que su padre, por ahora, no verá ni hablará con nadie. Pude percibir que menos aún si se trataba de un periodista. Alguien cercano me comentó que estaba molesto, dolido y desconfiado. Razones no le faltan.

Decidí no insistir por respeto. Se trata pues de un hombre sencillo y talentoso. Sensible y alegre pero reservado según me han dicho quienes lo conocen. Frustrada en mi deseo de conocerlo y conversar con él busqué en Internet referencias suyas y saltaron de inmediato numerosas y extensas notas sobre su obra e historia en los más importantes medios de comunicación del país.

Sus Tablas de Sarhua han merecido artículos periodísticos que elogian su trabajo y aporte a la memoria del país. Me pregunté entonces por qué un periodista no puede hacer una simple búsqueda en Google antes de convertir un hecho en noticia de primera plana que no refleja la verdad sino que apela al miedo para vender sin importar las honras ajenas.

Uno esperaría un mínimo de rigurosidad de un periodista para que no parezca un profesional despistado o peor aún, mal intencionado. 

Don Primitivo es una víctima de Sendero Luminoso que dejó su tierra para que no lo maten y usa la narrativa popular para contar lo que sufrió su pueblo atrapado entre dos fuegos: terroristas y sinchis. Porque, aunque le joda a algunos, eso fue lo que pasó.

La historia no se guarda en un cajón oscuro ni se echa mano de una parte de ella para contar solo lo que nos conviene. Creer que el sufrimiento provocado por el terrorismo es exclusivo de los limeños, y ni siquiera de todos porque frecuentemente olvidamos  -por ejemplo- a las víctimas de Villa El Salvador o Huaycán, se resume en racismo puro y duro.

El arte popular suele contar la verdad, y la verdad asusta a los idiotas.

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