Walter Albán: “El Congreso pretende consagrar una abierta inconstitucionalidad”

Entrevista al exdefensor del Pueblo y exministro del Interior, para La República.

Entrevista al exdefensor del Pueblo y exministro del Interior, para La República.

- ¿Qué le ha parecido la posición del presidente Martín Vizcarra de no apoyar la reforma de la bicameralidad por considerar que va en contra del espíritu del proyecto original?

Lo he sostenido desde tiempo atrás. Hay que resaltar el hecho político que significó la convocatoria al referéndum, que implica una consulta popular para que la gente pueda participar en temas centrales sobre la democracia y las instituciones. Y es rescatable que el referéndum se pueda llevar adelante, con un presidente que estaba en una situación realmente precaria y con una mayoría absoluta hostil y agresiva y hasta a veces prepotente. El referéndum ha transformado el escenario que teníamos.

- Aunque las medidas no han salido en los términos deseables, desde la perspectiva del Gobierno al menos.

En los temas más polémicos como la bicameralidad y la no reelección, porque el Congreso ha tomado decisiones para neutralizar los efectos de las decisiones que se pudieran tomar. El presidente solo ha dado su opinión en cada uno de sus casos para evidenciar que el Congreso, lo que hizo ahí, fue desnaturalizar la propuesta.

- ¿Desnaturalizarla de qué forma?

Lo que pretende el Congreso es consagrar una abierta inconstitucionalidad. Modificó su reglamento para anular la cuestión de confianza y, ahora, eso pretende constitucionalizarlo. Es un contrabando.

- ¿Pretenden constitucionalizar la inconstitucionalidad?

Así es. Al modificar su reglamento, el Congreso busca trastocar el diseño constitucional respecto de las atribuciones del Gobierno. Poner eso en la Constitución ya es, efectivamente, tomar una decisión de fondo para recortar –más– las facultades al Ejecutivo y darle más peso al Congreso, lo que puede resultar algo muy poco positivo…

- ¿A raíz de lo que se ha visto en estos dos años y medio?

Así es. Un Congreso con una mayoría aplastante como el que tenemos en estos momentos entiende que puede, prácticamente, prescindir del Ejecutivo y tomar decisiones de gobierno. Eso transgrede principios, criterios sustanciales del diseño constitucional, y a eso no habría manera de ponerle freno sin la posibilidad de que se pueda convocar a la cuestión de confianza. Con eso (el Congreso) adquiere un poder absoluto altamente inconveniente.

- ¿Entonces es razonable que el presidente plantee sus objeciones?

Es razonable porque es una opinión. Ha cumplido su palabra de someter todo a consulta popular y habrá que ver qué piensa la gente de todo esto. Por otro lado, en la iniciativa sobre la no reelección de congresistas, estos también han querido hacer una interpretación a su antojo para burlar el sentido original de la propuesta.

- Aunque es una interpretación que raya con lo absurdo. No tiene sentido sugerir que congresista es distinto a parlamentario.

A juicio de muchos, me incluyo, eso no tiene asidero, Y aunque la última palabra la tendrá el JNE, ellos no están exonerados de esta modificación, si es que se aprobara. Una interpretación que pretenda que los congresistas actuales puedan postular sin problemas contraría el espíritu de la norma, pero además genera situaciones absurdas. Si no ellos no se consideran parlamentarios, no deberían seguir en sus funciones ni cobrar sus remuneraciones. La Constitución se refiere a ellos como parlamentarios.

- Estos parlamentarios tendrían que renunciar ahora mismo, para ser coherentes con lo que han planteado.

Claro. Decir que congresista no es lo mismo que parlamentario es absurdo. Confiemos en que la interpretación correcta sea la que se imponga. Sobre todo, porque hay una ciudadanía dispuesta a defender este punto como una reivindicación directa.

- ¿No es raro que el presidente opine contra el proyecto de bicameralidad y este haya sido apoyado por su bancada, incluido el premier Villanueva?

Desconozco cuál puede haber sido la evaluación interna del Gobierno. Pero una fue la propuesta del Ejecutivo y, otra, el resultado luego del debate. El presidente es libre de decir si está de acuerdo o no con las protestas. En temas como el financiamiento, aunque se omitieron cosas que era importante mantener, o el CNM, no había importantes discrepancias.

- ¿Puede haber espacios para intentar llegar a un acuerdo entre el Gobierno y el Congreso?

Políticamente siempre puede haber espacios. Es evidente que después de que la ciudadanía por fin estaba dispuesta a aprobar la bicameralidad, si esta no llegara a consagrarse, significaría que los términos en los cuales el Congreso ha llevado la consulta truncaron esta posibilidad. Esto podría abrir el camino hacia un debate más amplio, ya no necesariamente con un referéndum sino a través de una modificación por dos legislaturas ordinarias.

- No con este Congreso, desde luego.

Bueno, claro. No sé si pueda llegarse a un acuerdo así con este Congreso.

- ¿Está de acuerdo con la bicameralidad?

Yo sí estoy de acuerdo, pero no como se ha planteado. Hay que explicar por qué no significa costos para el país. Muy poco se conoce sobre por qué es tan negativo este diseño unicameral con tan pocos representantes, que es lo que a la larga explica por qué con tan poca votación real se puede lograr una mayoría absoluta.

- ¿Qué sensación le queda a usted luego de este proceso?

Que el peor escenario se evitó, en el cual se llegaba a un enfrentamiento absoluto. El resultado no es el óptimo, pero al menos es mejor que si la objeción (del Congreso) se hubiera hecho más fuerte.

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