
El clima producido por el cambio de palabras entre los intereses de China y los de EE. UU. quizás se disipe con la llegada de León XIV y las fiestas de fin de año. Sería muy exagerado decir que nos hemos vuelto un campo de confrontación entre las dos potencias. Pero hemos perdido una neutralidad que nos resultaba muy cómoda.
Es evidente que el Perú necesita la buena voluntad de los dos países. Inclinarse en exceso hacia uno de ellos, como viene haciendo el nuevo Gobierno, es una fórmula de diplomacia chapucera. Era inevitable que el país beneficiado intentara ganar terreno, como ha sucedido. Ahora debemos recuperar nuestro equilibrio.
El nuestro hoy es un caso en que la llamada diplomacia presidencial puede ser más útil que la de una Cancillería opaca. La reciente felicitación a Lula es un buen ejemplo: es el tipo de iniciativa que funciona. No tanto por Lula, sino por el Brasil, importantísimo para el equilibrio regional. Como lo son, vamos, los EE. UU.
Es indispensable que Keiko Fujimori vaya a la cumbre APEC, y entendemos que esa es su intención. La cita empieza el último día que León XIV pasará en el Perú, lo cual puede complicar la logística. Pero sus fotos tomadas en esa cumbre son de gran importancia, y Fujimori debe ir asesorada por políticos.
Donald Trump ha dicho que va a ir hasta Shenzhen, donde será la reunión. A lo que no se ha comprometido es a reunirse con el anfitrión Xi Jinping y Vladimir Putin, en lo que sería una suerte de reunión de Yalta, sin ganadores de ninguna guerra. Hay una neutralidad que muchos en el mundo desean y que el Perú podría encarnar en su mensaje.
Así, en lugar de promover funcionarios adictos a Washington y sus políticas, el Gobierno podría empezar a diseñar una estrategia de no alineamiento activo que les quite a todas las potencias las ganas de interferir en los asuntos peruanos. Hay una vocación de no alineamiento peruano que viene desde los años setenta.
Quizás es mucho pedir, pero una foto de Fujimori flanqueada por los embajadores de China y los EE. UU., de preferencia en la puerta de Palacio, haría maravillas para nuestra ubicación geopolítica. En el fondo, tampoco les haría daño a los dos embajadores, pensamos.

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