
Recurrentemente, en los actuales tiempos, se escuchan muchas referencias a la inteligencia artificial (IA) y las posibilidades que esta ofrece en distintos planos, entre ellos el económico. Veamos un poco más sobre esto.
¿Qué es la IA? Es un campo de la informática que crea sistemas y algoritmos que pueden simular algunas funciones cognitivas humanas, como el razonamiento, el aprendizaje, el reconocimiento de voz o imágenes y la resolución de problemas; en principio, abarcando el uso masivo de esta herramienta, fundamentalmente en el sector formal de los países desarrollados.
¿Para qué sirve? Aumenta la posibilidad de lograr una mayor eficiencia y eficacia en actividades diversas, como la automatización de tareas, el análisis de datos, la generación de asistentes virtuales y la atención, así como en actividades tan diversas como el transporte y la logística. Dado que estos beneficios, como se mencionó, son capitalizados por el sector formal en economías desarrolladas, el reto resultante está en lograr ampliar estos beneficios para más gente y en economías en desarrollo.
Hoy casi el 80 % de la fuerza laboral opera en la economía informal. Nos referimos a los vendedores en la calle, algunos con puestos callejeros, a los que ofrecen servicios de transporte con conductor y a los vigilantes privados. En este contexto, es común que todos ellos vivan con lo que ganan al día, sin datos, con una total desprotección legal e incluso sin acceso efectivo a los servicios de salud. ¿Los beneficios de la IA les alcanzan a ellos? Está claro que no. Entonces, ¿cómo formular políticas públicas sin información?
Por otro lado, también ha ocurrido, aunque marginalmente y dependiendo del ciclo económico, el paso del trabajo informal al formal, en tanto las plataformas capaces de utilizar la IA han facilitado este proceso, en un contexto de una demanda de empleo temporalmente mayor.
Es posible reforzar la resiliencia y el nivel de ingresos potencial de los trabajadores informales, por supuesto. El mayor uso de las plataformas que utilizan la IA demuestra que los trabajadores informales podrían acceder al crédito, contar con ingresos más previsibles y participar de manera más integrada en la vida económica, con una menor dependencia de obsoletos sistemas formales.
¿Cuál es entonces el desafío por afrontar? Ampliar esos efectos positivos de la IA, centrándose en adquirir nuevas competencias y en diseñar reglas en torno a la informalidad, en lugar de importar forzadamente los supuestos de la economía formal en lo que respecta a los procedimientos, que más bien debilitan lo que ya funciona.

El desafío es extender los beneficios de la inteligencia artificial a los trabajadores informales mediante nuevas competencias y reglas adaptadas a su realidad.

La interpretación crucial sobre la revisión legislativa del Senado afecta el futuro del desarrollo institucional en Perú, e influye negativamente en el crecimiento económico y la estabilidad política.

La inflación en Perú alcanzó el 4,44% hasta agosto, superando el umbral del 3%. Esto podría llevar al Banco Central de Reserva del Perú a aumentar la tasa de interés para controlar la inflación.

Aumento en la recaudación fiscal gracias a los altos precios de metales está generando expectativas, pero los problemas de ejecución persisten. Más de 317 municipalidades no han ejecutado adecuadamente los presupuestos destinados a la atención de emergencias.

El camino a continuación para el Poder Ejecutivo parece estar empinado