
Un régimen autoritario que llega al poder apoyado por las elites, pero que aspira a consolidar su base popular mientras se alinea de manera incondicional con Estados Unidos y desata una campaña desproporcionada contra el comunismo para desviar la atención de las promesas incumplidas podría ser tranquilamente una forma de caracterizar al actual gobierno. No obstante, se trata del perfil que caracterizó a otro gobierno hace siete décadas y cuyo análisis nos llega bajo la forma del libro “Los años de Odría, 1948-1956”, escrito por el historiador Raúl Asensio y publicado por el Instituto de Estudios Peruanos.
El libro forma parte de la colección “Historias Mínimas”, donde se ofrece una síntesis de gobiernos específicos que han destacado (no siempre por sus virtudes) en nuestra accidentada historia republicana. En casi trescientas páginas, Asensio traza las directrices principales de uno de los gobiernos más fascinantes y menos conocidos, que recibió el nombre de Ochenio. Dictadura militar por donde se le mire, Odría se adelantó en cuarenta años al fujimorismo al tratar de hacer que las elecciones le brinden cierta legitimidad. Es necesario matizar el Ochenio, y es una de las virtudes del libro, que se mueve en las zonas grises creadas por el mismo Odría en sus muchos intentos por llegar, mantenerse y salir del poder de la manera más conveniente posible para él y sus allegados.
Si bien el formato de bolsillo puede sugerir que el libro es un resumen de los ocho años del odriísmo, el autor entendió que no podía quedarse en solo una síntesis y aprovechó el formato para combinar un excelente contenido con imágenes, varias de ellas inéditas. El Ochenio es un periodo poco conocido en comparación con otras coyunturas y gobiernos, lo cual le significó la doble responsabilidad de introducir dicho periodo a los lectores y, además, ofrecer ángulos novedosos que permitieran comprender la complejidad de Odría y la sociedad peruana en un momento clave del siglo XX: la Guerra Fría.
La capacidad para maniobrar satisfactoriamente estas demandas es resultado de la experiencia del autor, que en los últimos años ha venido realizando diversos trabajos donde balancea las escalas regionales con el contexto global, como en su libro sobre el terremoto del Cusco en 1950 y la cooperación internacional para reconstruir la ciudad. De igual modo, su interés por las regiones se pone de manifiesto en este libro, lo cual permite un saludable escape de la, a veces, asfixiante historia capitalina.
Además del plano espacial, el libro integra aspectos económicos y culturales. El constante dilema entre los booms exportadores y los años de vacas flacas no solo tiene consecuencias en las arcas fiscales, sino también en los proyectos que el Ochenio buscó desarrollar para escapar de las clases dirigentes y crear bolsones clientelares entre los sectores populares y la clase media. La explotación de la anchoveta y el surgimiento del narcotráfico se cuentan entre estos momentos de crecimiento económico efímero que poco ayudaron al desarrollo en el mediano plazo.
Una clase media siempre asustada con caer en la pobreza y perder estatus y sectores campesinos que buscaban ser despolitizados desde el gobierno generaron los imaginarios nacionales más importantes de esos años. Desde las novelas de Vargas Llosa, los cuentos de Ribeyro y los trabajos de Arguedas, se presentaron diversas tensiones que los escritores lograron captar. Así, las obras literarias contribuyeron a una esfera pública crítica que continuó durante los años setenta y ochenta, exponiendo los problemas del país y la naturaleza de los gobiernos de turno.
Pero el carácter pragmático y oportunista del régimen es lo que termina destacando en el análisis del libro. Antes que reducirlo a la etiqueta del autoritarismo, el autor explica con mucha solvencia las distintas estrategias que Odría y sus allegados intentaron realizar para navegar en la temprana Guerra Fría y con la hegemonía norteamericana en alza. Las actas de los Consejo de Ministros, una fuente documental que ha demostrado ser muy útil en los últimos años, registran las preocupaciones y expectativas del gabinete a medida que los desafíos internos y externos hacían tambalear a los uniformados. En realidad, el régimen disfrutó de pocos momentos de tranquilidad, que no supo aprovechar al entender su relación con la sociedad como de subordinación.
Odría no tuvo ningún problema en hacerse de nuevos aliados y luego abandonarlos si esto le permitía mantenerse en Palacio de Gobierno. Como lo señala muy bien el libro, el suyo fue un gobierno con más palo que zanahoria, y donde tranquilamente enviaba a la policía a reprimir a manifestantes mientras tanteaba por debajo de la mesa el posible apoyo de los apristas. No dudó tampoco en dar el voto a las mujeres, calculando que votarían por él en caso de presentarse a un nuevo periodo. Y, por supuesto, agasajó en cuanto pudo a los migrantes recién llegados cuando se dio cuenta de que eran más útiles como votos que como encarcelados por invadir terrenos para levantar sus casas.
El libro consigue reposicionar a un actor como Odría y un régimen como el suyo, con todas las oportunidades y limitaciones que tuvo. Esto debería servir como incentivo para que otros investigadores/as puedan expandir los argumentos iniciales de “Los años de Odría” y continuar trabajando el siglo XX, un periodo que —a diferencia de lo que opinan muchos de mis colegas— necesita aún más visiones regionales y comparativas dentro del escenario internacional.

El autor destaca el doble desafío de explicar un periodo poco conocido, integrando aspectos económicos, culturales y políticos para ofrecer una visión integral sobre el “Ochenio” y su impacto en la sociedad peruana.

A pesar de su relevancia en la cultura peruana, su figura ha sido poco reconocida. Ahora, ambos proyectos ofrecen una oportunidad para redescubrir su historia y legado en la actualidad.

El libro "Esta bala lleva tu nombre" de Jorge Nureña profundiza en la historia del sicariato en Trujillo, revelando su expansión y el fracaso de las autoridades para controlarlo.

El nuevo libro "Los nuevos cronistas del Perú" analiza Sendero Luminoso y cuestiona interpretaciones académicas rígidas, resaltando su complejidad y la importancia de la política ayacuchana en su auge.

"Para los escépticos que repiten que las Humanidades y las Ciencias Sociales no tienen impacto, les invito a leer este estudio y a preguntarse cómo podemos presionar a las autoridades para que detengan esta hemorragia, antes de que las balas enviadas por los extorsionadores lleven nuestros nombres"