Gestora Cultural con más de diez años de experiencia en el diseño y ejecución de proyectos sociales, políticos y culturales en el sector público y privado. Con experiencia en docencia cultural e investigación. Actualmente, miembro del Consejo Directivo de la Asociación Civil Transparencia. Reside en Cajamarca

El arte que incomoda, por Cynthia Cienfuegos

El arte en Perú se ha convertido en una herramienta de incomodidad y reflexión en medio de la convulsión social y política del país, desafiando narrativas impuestas.

En la última década, Perú ha sido una convulsión social y política, y lo sigue siendo. Y en medio de esa vorágine, el arte ha podido lograr algo importante: incomodar. Pero nos referimos a ese arte que interpela; que se crea no solo desde lo visualmente “bello”, sino también desde lo simbólico, y desde la necesidad de representar diferentes realidades. Hablamos del arte que quiere transformar, y que no necesariamente se gesta en las aulas, sino que nace del diálogo y de la mirada colectiva.

Quizá esa es la razón más fuerte para que hoy algunos grupos políticos y sectores sociales quieran censurarlo, limitarlo o regularlo. Esto último, a través de un innecesario e inviable colegio profesional de artistas.

No es casualidad, por ejemplo, que el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM) haya pasado a ser objeto de una campaña política de desprestigio. ¿El motivo? Controlar una narrativa. No se entiende cómo en un país donde los niños cada vez comprenden menos lo que leen, y donde la criminalidad se desborda, se quiera convertir en enemigo a un museo de la memoria. La función de un gobierno nacional, regional o local no es determinar qué es y qué no es arte o cultura. Su rol es brindar las condiciones para que el arte y el trabajo creativo se desarrollen en libertad, en condiciones y espacios dignos, y sin discriminación.

Pero hay algo aún más preocupante que la campaña contra el LUM, y es el concepto que tiene nuestra sociedad sobre lo artístico. Muchos aún desconocen que crear arte, disfrutar del arte y acceder al arte es un derecho. Este concepto aún se alimenta del clasismo, de los centralismos (dentro y fuera de Lima), y de una visión estrictamente institucional. Para un gran sector político y social, el arte sigue siendo un elemento decorativo, que solo cobra sentido cuando sirve para entretener o enaltecer un acto protocolar. Pero las alarmas se encienden cuando el arte no obedece, cuando tiene voz propia; cuando detrás de la vestimenta o de la música hay una persona que cuenta una historia o, peor aún, denuncia una injusticia. Que el arte no se atreva a ser político; que no se atreva a danzar la pobreza, a pintar las desigualdades, a componer coplas sobre la corrupción. Que el arte no se atreva a salir en marchas ni en protestas; y a usar recursos del Estado para diseñar exposiciones que nos permitan recordar, interpelar y cuestionarnos. El arte que no se puede controlar, ese es el arte que incomoda, pero es exactamente el arte que más necesitamos.

Cynthia Cienfuegos

Modo Norte

Gestora Cultural con más de diez años de experiencia en el diseño y ejecución de proyectos sociales, políticos y culturales en el sector público y privado. Con experiencia en docencia cultural e investigación. Actualmente, miembro del Consejo Directivo de la Asociación Civil Transparencia. Reside en Cajamarca