Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.
Por Juan Manuel García Calderón, director general de Tecsup
El Perú atraviesa una oportunidad histórica. La creciente demanda global de minerales críticos, impulsada por la transición energética y la electrificación, ha reforzado el papel estratégico de países mineros como el nuestro. El cobre se ha convertido en un insumo central para la transición hacia energías más limpias, para la infraestructura digital que requieren tecnologías como la inteligencia artificial —incluidos los centros de datos— y para procesos crecientemente electrificados, desde vehículos eléctricos hasta la nueva generación de camiones mineros. En paralelo, el país cuenta con una cartera de 67 proyectos mineros valorados en más de US$64 mil millones, según el Ministerio de Energía y Minas (MINEM).
La pregunta ya no es si el Perú tiene recursos o potencial minero. La pregunta es si tendrá el talento para sostener ese crecimiento.
El principal cuello de botella de la minería peruana ya no es el recurso ni necesariamente la inversión: es el talento técnico especializado.
La señal es clara. Según el MINEM, el empleo minero alcanzó niveles récord en 2025, con un promedio superior a 264 mil trabajadores, y continuó creciendo en 2026. Pero la minería de hoy ya no se parece a la de hace 20 años. La operación moderna exige automatización, monitoreo remoto, mantenimiento predictivo, analítica de datos, control industrial y uso intensivo de tecnología.
Hoy un técnico puede trabajar tanto con una llave mecánica como con datos. Por eso, el problema no es únicamente de cantidad. También es de pertinencia.
La minería moderna sigue necesitando especialistas en mantenimiento mecánico, electricidad o procesos, pero ahora requiere además capacidades en automatización, software, redes industriales, ciberseguridad, inteligencia artificial y análisis de datos. La frontera entre operación industrial y tecnología es cada vez más difusa.
El reto es que el país todavía forma talento técnico a un ritmo insuficiente para responder a esta transformación.
Diversas estimaciones muestran que el Perú necesita alrededor de 300 mil técnicos al año para atender la demanda de sectores como minería, industria, energía, construcción, logística y servicios, mientras que el número de egresados técnicos es considerablemente menor. La brecha no es exclusivamente minera, pero la minería la siente con especial intensidad porque compite por talento en un mercado ya limitado.
El desafío empieza antes. De cada 100 jóvenes que culminan secundaria, apenas alrededor de 30 acceden a educación superior. De ellos, cerca de 10 optan por educación técnica. Sobre esa base, el país espera formar el talento que demandan industrias cada vez más tecnológicas y sofisticadas.
A ello se suma un problema cultural: durante mucho tiempo se instaló la idea de que la educación técnica era una segunda opción, cuando en realidad es una de las rutas más directas hacia empleos de alta especialización, empleabilidad y desarrollo productivo.
No se trata solo de formar más técnicos. Se trata de formar talento pertinente, actualizado y conectado con la realidad productiva. Eso exige una mayor articulación entre empresa, academia y Estado para anticipar necesidades de talento, actualizar permanentemente los programas formativos y acercar la formación a entornos reales de operación. Cuando esa conexión existe, la brecha se reduce.
La cercanía con la industria, el aprendizaje práctico y la actualización permanente permiten responder mejor a sectores que evolucionan rápidamente, como minería, energía o manufactura avanzada. Pero ningún esfuerzo institucional será suficiente si el país no asume este reto como una prioridad compartida.
La minería del futuro no dependerá solo del mineral bajo tierra. Dependerá, cada vez más, del talento sobre la tierra. Porque el verdadero recurso estratégico del Perú no será únicamente el cobre que exporte, sino las personas capaces de transformar esa oportunidad en productividad, innovación y bienestar para más peruanos.

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