Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.
Un artista que avanza dejando una estela de imágenes producto de la observación. Al detenernos en la obra de Miguel Aguirre, entendemos lo que significa eso de ser verdadero y dedicarse con pasión a la resolución de lo suyo: la representación del mundo (en imágenes desarrolladas con un figurativismo seco y preciso), o la manera en que este mundo lo cautiva e inquieta y que al mismo tiempo cuestiona.
Representación y realidad: emoción, verdad, acuerdo. (Re)construcción de la experiencia pictórica personal y su relación con la pintura de historia y las imágenes de los media en la contemporaneidad es el título del proyecto de tesis doctoral con el que presenta una interrogante sobre el lugar que ocupa la pintura de “historia contemporánea” en un espacio en el que las imágenes que representan nuestro diario vivir y quehaceres domésticos están siendo acaparadas por el cine, por internet y las nuevas plataformas, posicionándolas de tal manera que casi no nos permiten pensar o acceder a espacios más personales para observar nuestras inquietudes visuales cotidianas. Y él, insistiendo en lo suyo, nos propone series que trabajan el resultado de su observación. Recuperando imágenes que nos invaden, siendo nuestro lenguaje más contemporáneo. Frases visuales que nos tratan de “vender” diversas actividades, realidades específicas y su consecuente consumo con fórmulas publicitarias que lo inquietan, y nos lo comenta. Vemos a un observador minucioso que se pregunta sobre ese sistema que todo lo abarca y, quizá, repite sus metodologías, pero paradójicamente las moldea con el sable de la crítica sutil. Presentando opciones de conquistas visuales en ese mercado de imágenes de una manera sugestiva o misteriosa y con clara sencillez. Con frases visuales que subrayan manipulaciones e imposiciones con las que estas cotidianidades nos vienen manejando.

De: "Miguel Aguirre. Volumen I - Exposición Antológica". Imagen: Difusión.
Miguel Aguirre es el ejemplo de aquel artista que trabaja sobre lo que le preocupa, que cuestiona sus entornos y los subraya. En el catálogo de su muestra más reciente en el ICPNA, nos comenta que durante su carrera ha realizado algunos retratos por encargo, pero considera que estas piezas se salen de su trayectoria porque lo que él normalmente hace es hablarnos de lo que le preocupa, de aquello que le llama la atención en esa inmensa variedad de imágenes que a diario nos invaden para vendernos las realidades más felices, esas a las que nunca llegamos y que difícilmente existen.
Y otros artistas también son distraídos con esas arbitrarias exigencias para satisfacer inquietudes más comerciales, para hacerles ganar a quienes se las proponen ese sencillito de comisiones, disimuladas en caminos retorcidos y claramente manipulados con los que los tuercen y a los que por necesidades de las más domésticas acceden, desviándose de sus verdaderas trayectorias. Por acceder a trofeos pecuniarios e inmediatos que, además, difícilmente llegan, saliéndose de sus cuestionamientos, de sus frases de protesta, olvidándose de sus inquietudes y verdaderas propuestas por buscarse el qué comer.
Y es responsabilidad de todos aquellos que organizan y comercializan con el arte, quienes con las excusas más inverosímiles y triviales como la de recostarse en la beneficencia ajena, caprichosa manipulación, van embaucando a quienes tendrían que ocuparse de asuntos más comprometidos, desviándolos hacia la búsqueda de esas banales y pequeñas recompensas económicas a las que quieren acostumbrarlos porque saben que, tanto como ellos, también las necesitan. Y los tratan de dirigir.
Porque es la nueva consigna, dirigir y ordenar. Manipular las libertades para poder utilizar claridades ajenas como si fueran las propias, aquellas que transitan por caminos limpios, descubiertos por quienes se ocupan del desarrollo íntimo de sus intelectos manejando opciones más honestas y rigurosas al avanzar: hacia su solitaria tranquilidad, hacia las respuestas visuales más personales y mejor logradas, hacia un nuevo orden del universo artístico.

Jean-Michel Basquiat forjó su arte desde las calles de Nueva York en los 70 y 80. Hoy, su trabajo es parte de las principales galerías internacionales. Foto: AFP.
Y sin que la manipulación de quienes trabajan en “difundir” el arte sea suficiente, el Congreso de la República ha dictado la Ley 32654. Una ley del artista que criminaliza el arte popular y viola la libertad de expresión exigiendo inmensos absurdos como el de necesitar una colegiatura para el ejercicio artístico formal, reconociendo como artistas únicamente a quienes cuenten con este título profesional.
Ya no son artistas Jean-Michel Basquiat, Eric Clapton, Max Ernst, Dizzie Gillespie, Jimi Hendrix, Frida Kahlo, Yves Klein (estudió para ser judoka), Vincent van Gogh, Yoko Ono, Henri Rousseau, Leonardo da Vinci, todos autodidactas…
¿Cuántos de los congresistas, quienes ahora y tan arbitrariamente quieren dirigir el camino de nuestras libertades, son colegiados? Colegiaturas que sí deberían tener pues nuestros destinos dependen de sus correctas deliberaciones…
Zapatero a tus zapatos.

Columnista invitado. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.